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martes, 31 de enero de 2017

Exposición temporal

Ayer recibo un mensaje del profesor de mi hijo, que mañana van a la National Gallery, a ver la exposición de Turner, que los padres que quieran acompañar a sus hijos que vengan.
Vida loca, cambio mis planes de la noche a la mañana y decido que iré con ellos.
Menos mal.
Es, pero yo no lo sabía, el último día de la exposición. Me lo cuenta la profesora de apoyo. Me dice que estos cuadros de Turner solo pueden verse una vez al año, durante unos días. Seguramente eso hace que vaya más gente a verlos, me dice. En realidad, la idea no procede del departamento de marketing del museo. Es una de las dos condiciones que puso Vaughan para legar estos cuadros que fueron suyos. Vaughan estaba obsesionado con que no los destruyera el exceso de luz. Son acuarelas. Llegaron en oscuros cofres de madera de roble. Solo se exponen durante el mes de enero, el mes más oscuro. La otra condición es que la entrada a la exposición fuera gratis.
Me cae bien este Vaughan. Heredó una fortuna de su padre, que era sombrerero. No se casó, no tuvo hijos, compró cuadros, a su muerte prefirió que su colección se dividiera entre Londres, Edimburgo y Dublín. Gracias a eso hoy los niños de un colegio de Dublín han podido ver esas acuarelas.
La guía pregunta a los niños qué saben de Turner. Ignora que los niños llevan un par de semanas volviendo del colegio con pintura azul oscura con suerte solo en las manos. De todo lo que han aprendido hay una cosa que nunca olvidarán. Es la que me contó mi hijo nada más saberla y la misma que suelta M. después de levantar la mano: "Esperaba las tormentas para salir en barco y pedía que le ataran al mástil". La guía ni lo confirma ni lo demiente. Sonríe. Luego les cuenta lo que ya me ha contado la profesora de apoyo, lo del legado de Vaughan, y que las paredes donde se expone la colección son oscuras y la luz, suave. Las acuarelas son delicadas.
Vamos por ahí como si fuera al óleo pero la vida, me temo, es una acuarela, una exposición temporal.
Con suerte vivimos tan alegremente que para recordar nuestra vulnerabilidad tenemos que recurrir a prácticas deportivas, como hacernos atar al mástil de un barco.

Imagen de Elliot Erwitt.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Estaba ciega

Me despierto –cosa rara– antes de que suene el despertador a las 7:07 (es mi única superstición, creo). Al momento me acuerdo: las elecciones. Cojo el móvil. Mi cronología de tuiter está llena de lamentos. Es unánime. Yo no doy crédito. ¿De verdad ha ganado Trump? No puede ser. No conozco a nadie que lo apoye. Cuando he hablado aquí y allí, en Irlanda y en España, sobre Trump, lo he hecho sobre el acuerdo tácito de que mi interlocutor no lo apoya, y todo sin pies de plomo.
Pero ha habido millones de personas que lo han votado, más personas que a Clinton. ¿Dónde están? En Texas, incluso en Florida. Desde luego no a mi alrededor, mucho menos en la parcelita de internet que visito.
Me acuerdo entonces de la entrevista a Zygmunt Bauman que leí ayer. Decía Bauman, entre tos y tos:
"Esta maravilla tecnológica no sólo no te abre la mente, sino que es un instrumento fabuloso para cerrarte los ojos. [¿Por qué?] Para protegerte a ti mismo de las posibilidades multiformes que te ofrece la vida. Hay algo que no puedes hacer offline, pero sí online: blindarte del enfrentamiento con los conflictos. En internet puedes barrerlos bajo la alfombra y pasar todo tu tiempo con gente que piensa igual que tú. Eso no pasa en la vida real: en cuanto sales a la calle y llevas a tus hijos al colegio, te encuentras con una multiplicidad de seres distintos, con sus fricciones y sus conflictos. No puedes crear escondites artificiales."
Y me acuerdo entonces de mi pueblo postizo, donde hay 17 personas censadas, y cada una vota  a alguien distinto, y aunque el voto es secreto, los oriundos saben quién vota a quién. Y todos se hablan.
¿Debería empezar a seguir a seguidores de Trump para escuchar, para no estar tan ciega, para –si es posible– dialogar? Recuerdo entonces otro fragmento de la entrevista a Bauman:
"El Papa Francisco dice tres cosas muy importantes sobre cómo construir una sociedad sana. La primera, recuperar el arte del diálogo con gente que piensa distinto, aunque eso te exponga a la posibilidad de salir derrotado. La segunda, que la desigualdad está fuera de control no sólo en el ámbito económico, sino también en el sentido de ofrecer a la gente un lugar digno en la sociedad. Y la tercera, la importancia de la educación para unir ambas cosas: recuperar el diálogo y luchar contra la desigualdad."
No tengo nada que añadir. Me duelen los ojos. Me voy a educar.

Fotografía de Paul Strand.

martes, 15 de diciembre de 2015

5 razones (III): para ver debates de verdad

A estas alturas les imagino hartos y escépticos ante titulares como "el debate definitivo" y supongo que jurar que lo que verán en las jornadas bookfever de Caixaforum será más apasionante que el Cara a cara de ayer tiene menos valor que dos de cada tres promesas electorales. Pero es que en el auditorio de Caixaforum, en las jornadas de Bookfever, sí se verán debates de verdad. Está, el viernes 18 por la mañana (completo, o casi, me temo), el debate sobre formatos de narrativa y por la tarde, el debate definitivo sobre crítica de literatura juvenil. Se han dicho por aquí y por allá muchas cosas sobre los booktubers, los blogueros literarios, la crítica tradicional, pero se han dicho muy pocas a la cara, y en estas jornadas vamos a tener sentadas a personas jóvenes y no tan jóvenes, pro-booktubers y no tan pro-booktubers, filólogas y no filólogas... y vamos a intentar avanzar en esto, tanto es así, lo de intentar avanzar, que antes de la mesa redonda se ofrece un taller de vídeo-reseñas (casi completo; corran) a cargo de Nerea Marco y Sebas G. Mouret, porque la idea es que de estas jornadas salgan más y mejores lectores, mediadores, críticos... Eso, el viernes por la tarde. Y el sábado 19 voy a intentar moderar a tres seres maravillosos e indomeñables que van a compartir con ustedes sus secretos para llegar del tener que leer al querer leer. Me consta que saben el camino porque lo he vivido en mis cada vez más cuantiosas carnes (es lo que tiene una dieta irlandesa a patatas). Aunque los adoro, me encantaría que entre el público hubiera algún alumno que les pusiera en apuros. (Es solo una idea.)
Y después del debate, o durante, tuiter mediante, pues oiga, como en esto de la campaña, las risas, porque, como decía Peret, es preferible reír que llorar. Pero eso ya se lo cuento mañana.

En la imagen: Nerea Marco diciendo a Javier Ruescas "No nos haremos daño, ¿verdad?" justo antes de entrar en la mesa redonda del viernes por la tarde.

domingo, 13 de diciembre de 2015

5 razones (I): y nosotros que lo veamos

Perdonen que me ponga pesada con esto. Pero es que va a ser legendario y luego no quiero que me vengan con el "cómo no me lo dijiste" y "ay, si lo hubiera sabido".
Me refiero a las jornadas Bookfever que se celebrarán en Caixaforum Zaragoza el 18 y 19 de diciembre.
Les daría mil razones pero voy a dejarlo en cinco, cinco razones por las que no deben perdérselo.
La primera es –el mundo al revés– para que nosotros no nos perdamos su presencia. Miren, desde los primeros borradores del programa, este invento que hemos preparado con tanto amor y entusiasmo Juan Bolea, David Lozano y servidora con apoyo de La Caixa, ha ido mutando y se parece al proyecto original como una novela de Stephen King a un poema de Rubén Darío, pero si algo ha permanecido inalterable borrador tras borrador ha sido el deseo de hacer de estas jornadas un punto de encuentro. ¿Encuentro con quién? Con jóvenes lectoras e incluso lectores, con escritores, con blogueros, booktubers, personas interesadas en la lectura, en la literatura, en la narración, profesores, bibliotecarios, editores, investigadores, padres, madres, hijos, hijas... Encuentro contigo.
Ven (permíteme que te tutee). Ven a lucirte. Si eres lector, ven con nosotros a celebrar esta fiesta del orgullo lector. No tenemos carrozas pero sí unas enormes ganas de pasarlo bien y de compartir nuestros vicios. Si eres booktuber, bloguero, escritora, si tienes un perfil en goodreads... queremos conocerte, querrás darte a conocer. Te prometemos que saldrás con más ideas, más ganas, más seguidores y más libros por leer, si es que eso es posible. Si eres profesor, queremos que presumas, con razón, de lo que haces. Si eres mediador internacional en Oriente Medio, ven a poner paz. Se va a liar una bien gorda (ya te lo explicaré bien cuando lleguemos a la tercera razón), y te necesitamos para separar a los ponentes. Si eres un broncas, ven a enzarzarte. Nuestras jornadas tratan sobre el conflicto. Este es tu hábitat natural.
No te quedes sin entrada. Consíguela aquí.
Y mañana, la segunda razón, que será –aviso– contante y sonante.

En la foto: yo, viéndote llegar a Caixaforum. (Bueno, vale, y posando para el catálogo de los amigos Graó Gayoso. Ya ves, yo no sé decir que no. No me digas tú que no vas a venir.)

viernes, 19 de junio de 2015

Drama

Esperaba a mi hijo donde siempre, al final de la rampa a la izquierda. Siempre he pensado que en eso su colegio está mal diseñado. Los niños entran en clase con esfuerzo, subiendo una rampa. Salir es más fácil; tienen que bajar la rampa. Ya se imaginarán cómo lo hacen, salen como de toriles, y encima cuesta abajo. La Estafeta, al lado de esa rampa, es una pista de caracoles. Pero hoy los niños no corrían tanto.
Tardaron en salir.
Una niña bajó llorando. Luego otra, y otro niño.
Dos niños bajaron abrazados haciendo pucheros.
La madre a mi izquierda y yo nos miramos.
Bajaron más niños. Algunos lloraban, otros no.
En lo alto de la rampa, un profesor se subía a un banco y hacía gestos con las manos. El tronco de otra profesora emergía con dificultad y asfixia entre un bosque de niños abrazados.
¿Quieren saber qué sucedía? ¿Cuál era el drama?
Que era el último día de clase.
Se habla poco de la felicidad en los colegios cuando igual nos hace falta menos Mr. Wonderful y más educación.

Drama es también no saber de quién es la foto, con lo que me gusta acreditar estas cosas. Solo sé decirles que los niños son rusos, rusos de la URSS.

sábado, 30 de mayo de 2015

Elsa

Habíamos presentado un libro, Mis (primeros) 400 libros, de Jordi Sierra i Fabra. Mi vecino había hecho una serie de fotos preciosas de aquel día. Las mandé.
"Y a mí que me gusta esa foto borrosa en la que tú, Elsa, dejas a Jordi cariacontecido a las puertas del hotel, negándole tu compañía en la suite, esa foto donde un hilo invisible une vuestras miradas (oh), esa foto que es casi como un fotograma de una película neorrealista italiana... :-)", le escribía yo en un correo.
Elsa, Elsa Aguiar, respondía: "Ya, toda yo tengo algo de película neorrealista italiana. Me pasa desde siempre :)"
La primera persona a la que vi utilizar un emoticono, la persona de la que aprendí qué demonios era eso, fue Elsa. Elsa fue la primera en muchas cosas. De su boca oí por primera vez, hace ya siglos, aquello de "nativo digital". Creo que el primero en decirlo fue Marc Prensky. Pero la segunda fue Elsa. No se limitaba a estar por delante. Andaba desesperada, yendo a buscar a los autores y empujándonos, como esas madres que dan varios pasos atrás para coger de la mano al hijo que se queda rezagado. ¿Quieren una lista de temas para actualizar la literatura infantil y juvenil? Ella la escribió. ¿Un curso de geolocalización para escritores, no para llegar a las presentaciones sin perdernos sino para pincharnos y que escribamos una novela geolocalizada? Ella lo hizo.
Claro que luego no le bastaba con cualquier novela por muy geolocalizada que estuviera. Elsa, como los neorrealistas italianos, quería una revolución ética y estética. En su imprescindible blog Editar en voz alta se lee con su voz:
"Basta de decir que la realidad es así. La realidad es amplia y compleja, y cada uno decide con qué partes de ella construye sus modelos. Lo demás es escurrir el bulto."
Elsa no escurría el bulto. Elsa era una lianta. Tenía que serlo. Lo decía aquí:
"Quizá para los tiempos que vienen, el editor, además de ser una esponja, debería tener una marcada dimensión “conseguidora”. Y para conseguir cosas, el editor, además de muy educado, tiene que ser un poco “liante”: alguien capaz de embarcarse y embarcar a todo el que haga falta en proyectos ilusionantes y prometedores, incluso algunos de resultado incierto. Por ahí va mi definición de la esencia del editor: un editor que, además de todo lo demás, sea alguien que hace que pasen cosas en el terreno de lo literario."
Elsa fue todo eso y más. Gracias, Elsa, por no escurrir el bulto, por hacer que pasaran tantas cosas, por hacer que nos diéramos cuenta.
Hoy nos has dejado a todos tristes, pero hay hilos invisibles, y no tan invisibles, que nos siguen uniendo a esa tu exigente, brillante y hermosa mirada.

Fotografía de Fernando Sancho. Aquí hay otra foto preciosa de ese mismo día donde aparece Elsa antes de despedirse, a mi lado, sonriendo, rodeada de buena gente. Me gusta recordarla así.

domingo, 24 de mayo de 2015

Sorry not sorry, Edurne


Sorry, Edurne. No estuviste mal, pero claro. Lo de quitarse el vestido en el escenario, que parecía que era la superbaza de la actuación, ya está un poco visto, ¿no?
Mira, yo en este vídeo ya salgo haciéndolo (hacia el minuto 1:30), y delante de Javier Cercas, Almu... Espera. No, en rigor, detrás de Javier Cercas, Almudena Grandes, Espido Freire, Antonio Orejudo, Fernando Savater, Rosa Montero, Alberto Manguel, Gustavo Martín Garzo (que no sé cómo no se sonroja, tan Martín Garzo que es él), Rosa Huertas, mi amigo Pérez Reverte, Eduardo Mendoza... Y delante de Kiko Amat, César Mallorquí, Care Santos, Belén Gopegui, Isaac Rosa, Juan Bonilla, Alfredo Gómez Cerdá, Manuel Rivas, David Fernández Sifres, Elvira Lindo... y un largo etcétera.
Todos estos nombres te los cito para darme pisto, que es una de las especialidades de este blog. Pero en realidad, mi desnudo fue ante cientos de jóvenes lectores, que es lo importante en este asunto.
Porque, claro, está el asunto, lo que defiendes, que en tu caso, perdona que te lo diga, era un mojón de canción. Pero el asunto de mi desnudo era otro, eran los premios Hache y Mandarache, unos premios que ponen en pie de lectura a toda una ciudad, Cartagena; una iniciativa emocionante, "disfrutona" y eficaz como pocas. ¡Y glamurosa, Edurne! Como muy bien explica aquí Roberto Soto, son "la alfombra roja de la lectura". Que te lo digan Javier Ruescas, Francesc Miralles y Fernando León de Aranoa, que lo acaban de ganar este año. De hecho, León de Aranoa no pudo acudir a la entrega porque estaba en Cannes presentando su nueva película, pero porque lo echó a cara y cruz y le salió la alfombra roja de Cannes, que si no, se planta en la de Cartagena por las mismas.
¿Has visto, Edurne? ¿Has visto qué fiestón? Ahí sí que gritan. No exactamente EEEEeEEEeO. Ahí los lectores rugen. Los oí cuando gané. Uy, perdón, Edurne, se me ha escapado. Yo no quería...
Pero, mujer, si lo de Eurovisión es como lo de estos premios, seguro que lo bonito, si no lo importante, es participar.
¡Hablando de participar! ¡Ya sé cómo se te puede pasar el disgusto! Los del premio Mandarache se han inventado una cosa bien chula, es una acción de lectura colectiva ¡y te puedes apuntar! Será el 3 de junio, de 12 a 12:15. La idea es [te copio y pego porque ellos lo explican muy bien] "que miles de lectores se pongan a leer en espacios públicos el mismo día y a la misma hora en una acción simultánea que manifieste el poder de los lectores y sirva de celebración de la lectura como un maravilloso acto de comunicación. El #MANDARACHEBOOKMOB pretende ser un encuentro entre lectores, una oportunidad para compartir, comentar y celebrar la lectura en público como un acto de participación social y un ejercicio simbólico de ciudadanía activa". Edurne, si conoces a un profesor, librero, bibliotecario, educador, maestro, club de fútbol o de lectura o a cualquier otro grupo que quiera participar como colectivo, pásales este enlace. Y para ti, si no sabes qué leer, te recomiendo este libro.
Hablando de participación social, me voy a votar. Supongo que tú lo habrás hecho por correo antes de irte a Viena.
Un besito. Y no te des mal, que también esto pasará.
La Oro

jueves, 19 de marzo de 2015

Aspiraciones de una diva (10 exigencias para mis encuentros)

Si vas a tener el privilegio de que visite a tus alumnos (sí, siempre debería considerarse un privilegio recibir a un autor en un colegio), no voy a exigirte una botella de Veuve Clicquot, ni Bling H2O, ni velas aromáticas de mandarina Jo Malone. Pero hay diez cositas que sí te voy a pedir, y, por increíble que parezca, si las pido es porque alguna vez me han faltado: 
1. Antes de que yo llegue, dedícame por lo menos una frase. Di a tus alumnos: "ahora iremos a la biblioteca a hablar con la escritora Begoña Oro". O no. Si quieres, guarda la sorpresa. Pero dímelo. Si los niños llegan hasta donde yo estoy sin saber si vienen a que les pongan una vacuna, a una exposición de sellos, a probar un almuerzo saludable o a aprender un baile, necesito saberlo. Al menos para presentarme.
2. Si no sabes quién soy ni a qué me dedico, disimula. En realidad, soy solo una persona que escribe; no soy más importante que tú, que educas. Pero como parte de la formación literaria de tus alumnos, vamos a hacer como que un escritor es alguien importantísimo, más importante que El Rubius, más importante que Shawn Mendes, más importante que Christine Lagarde.
3. Si tienes una estrategia, compártela conmigo. ¿Tus alumnos y tú habéis estado trabajando como hormigas y queréis que dediquemos un tiempo a que me enseñéis el resultado? ¿Queréis que empiece respondiendo a unas preguntas? Estoy abierta a todo. ¡A mí también me encantan las sorpresas! Únicamente me vendrá bien saber de cuánto tiempo dispongo para que no nos quedemos sin minutos para lo más importante: que nos comuniquemos. Si es necesario, ponte en contacto conmigo antes y cuéntame qué esperas de mí.
4. Ayúdame a poner orden. A ver, no necesito un silencio sepulcral. Me gusta crear un ambiente participativo. Pero no hace falta que te diga lo difícil que es llegar a los alumnos cuando estás pendiente de dos o tres alumnos que dificultan seriamente el desarrollo de la sesión. No he ido hasta tu colegio para reñir o castigar a nadie. ¿Lo puedes hacer tú, si es necesario?
5. Dicho lo  anterior, danos una oportunidad, a ellos de portarse bien, a mí de contactar con ellos. Si, en tu afán de poner orden (gracias por preocuparte), has pensado que sería buena idea que X o Z no entraran en la charla, replantéatelo. Vamos a intentarlo. Quizá X me termine haciendo esa pregunta que nadie me ha formulado antes. Quizá Z quiera acabarse el libro después de conocerme.
6. Si te quedas, escúchame, por favor. O, por lo menos, no hables en voz alta con otro profe. Es difícil que tus alumnos crean que vale la pena escucharme si tú no lo haces. Es difícil que yo me concentre si te veo hablar (no lo olvides; soy una diva). Si no vas a escucharme, disimula o vete, por favor. Y si te quedas y te gusta lo que oyes, sonríe. Es fácil, y me hace sentir bien (soy una diva llena de inseguridades), y cuando me siento bien, hago las cosas mejor. Seguro que ya lo sabes porque a tus alumnos, y a ti, os pasa exactamente lo mismo.
7. No saques el monedero y me preguntes si vendo mis libros o alguno de los libros que he enseñado (sí, me ha pasado, más de una vez). Vender libros es una profesión importante, pero no es la mía. No directamente.
8. ¡Dame agua! Del grifo me sirve, salvo si vives en Tarragona o Almería (ya ves, en realidad soy una diva de andar por casa, más de bata de boatiné que de seda).
9. Deja que los niños se acerquen a mí (¿me estoy endiosando?). No me importa en absoluto que me abracen. Al contrario.
10. Sé que estás muy ocupado, que tienes que conducir a los niños de vuelta a clase, pero cuando acabe, por favor, no me dejes sola en el salón. Pregúntame si sé salir de ahí, porque mi sentido de la orientación es pésimo y seguramente me siento como en el fondo de un laberinto o en la sección de baños de Ikea. Si me dejas ahí, te arriesgas a que mi espíritu acabe vagando por tu colegio eternamente. Indícame la salida y dime "adiós", por favor.

IMPORTANTE: Si estás leyendo esto y he pasado por tu colegio, no te sientas aludido, que mira que somos todos dados a las figuraciones autoflagelantes. Es imposible que esté hablando de ti. Es imposible que el tipo de profe al que he podido aludir en esta entrada la lea. Ese profe entra y sale del aula o salón de actos sin llegar a saber cómo me llamo. Como para encontar mi blog. De hecho, si escribo esta entrada es porque he tenido últimamente encuentros tan buenos, preparados con tanto mimo, encuentros tan "encontrados", que estoy desarrollando una escasa tolerancia a los des-encuentros y, en paralelo, una gratitud aún más inmensa por quienes hacen buenos los buenos encuentros. A estos, a los profesores y profesoras que habéis hecho, hacéis y haréis de los encuentros una experiencia a la altura estratosférica de la diva que pretendo ser, GRACIAS.

Escrito un día después de rebanarme un dedo (el corazón de nuevo, ¡ay!) cortando cebolla. Igual por eso hoy tengo la piel más fina.

En la imagen, de Everett: la Oro, tratando de recuperarse tras una extenuante jornada de encuentros. El cigarro es de mentira. No fumen.

domingo, 11 de enero de 2015

Resumen de "Croquetas y wasaps"

Esta es una entrada trampa, similar a la página trampa que creé en mi web. Allí, si alguien pincha en el enlace "¿Necesitas un resumen?", llega a este texto:

Lo que quiero ahora es que quienes busquen en internet un resumen de Croquetas y wasaps, seguramente porque se lo ha mandado redactar su profe de Lengua y Literatura, encuentren esto:

¿Que qué es esto? Véanlo, disfrútenlo, en este enlace. Es el "trabajo colaborativo cocinado por alumnos geniales del instituto José Manuel Blecua", en el barrio de La Paz, en Zaragoza.
Ellos, y sus profesores (mi rendida admiración, Ana Moliné y Elena Arrazola), han trabajado una barbaridad, pero lo mejor es que se nota que han disfrutado dos barbaridades. Si ellos han disfrutado, imaginen lo que he disfrutado yo al ver crecer así mi novela, ¡qué digo mi novela! Este trabajo es la prueba de que por fortuna esa novela ya no es mía; los lectores la han hecho suya, y grande, y libre (pero no "una", desde luego).


Les sugiero que empiecen picoteando las croquetas pix-heladas. No querrán parar.

Y tú, que has llegado aquí porque tienes que entregar un resumen o hacer un examen de Croquetas y wasaps, ese libro mío que ahora se espera que sea tuyo, haz a tu profe una oferta que no podrá rechazar: cambia ese soso resumen o aquel examen por un trabajo diferente, un trabajo en el que vas a demostrar que has leído el libro (porque lo vas a leer, ¿sí?), pero además vas a mostrar que el libro no ha pasado por ti de lado a lado, de oreja a oreja, "por un oído me entra y por otro me sale", sino que te ha cruzado de arriba a abajo, que ha recorrido tus tripas, que las ha removido, que quizá te ha dado acidez, o gases, o diarrea, o que lo has asimilado en forma de grasas, de proteínas, de vitaminas...  Por supuesto que es una currada, monumental, pero es que las cosas buenas, como las croquetas buenas, llevan siempre trabajo. Seguro que a estas alturas ya lo sabes. Es algo que uno aprende de pequeño, pieza a pieza de Lego.

viernes, 3 de octubre de 2014

¿Qué puede querer hacer un tigre con una cebra?

Espero que este post les sirva a ustedes de algo porque lo que es a mí, lo más seguro es que me sirva para perder mi trabajo. En fin, allá voy. ¿Quién dijo miedo?

"¿Qué puede querer hacer un tigre con una cebra?"
Piénsenlo cinco segundos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Ya.
Bueno, lo he hecho mal. Les pongo en contexto. Lean primero este brevísimo texto, que no es mío, que es del gran Antonio Rubio:
Había una vez un tigre que se encontró con una cebra y quiso leer sus rayas. Pero como no sabía, le preguntó:
—¿Cómo se leen tus rayas, Cebra?
Y la Cebra le dijo:
—De arriba abajo,
como cae la lluvia en mayo.
—¿Y las tuyas, Tigre? —le preguntó la cebra.
Y el tigre contestó:
—De izquierda a derecha,
como hace punto la vieja.
El tigre se quedó mirando a la cebra, como si quisiera… ¡Leerla!
Pero la cebra salió corriendo para… ¡No ser leída! 
Y ahora: ¿qué otra cosa podría querer hacer el tigre con la cebra?
La pregunta la planteaba yo como autora de un texto didáctico. El objetivo de la pregunta, por si hace falta explicitarlo, era que los niños (de 7 años) volvieran sobre las dos últimas líneas y no se perdieran ese subtexto, eso que no está escrito, solo insinuado por los puntos suspensivos, pero que es la clave del chiste. Para que detectaran el mecanismo del humor empleado, vaya, que es el de la sustitución. En fin, yo, que al parecer soy más inocente que un cubo, les juro que solo había pensado en una posible respuesta: "comérsela". 
Pero no. Ahora ya tengo claro que la pregunta: "¿qué otra cosa podría querer hacer el tigre con la cebra?" tiene tres posibles respuestas:
a) comérsela
b) practicar sexo (salvaje, claro)
c) ninguna de las anteriores.  
Si ustedes pensaron en la b), ya están preparados para ser editores de libros de texto.
¿Que exagero?
Vean. Son comentarios hechos por una editora a la dichosa pregunta "¿Qué otra cosa podría querer hacer el tigre con la cebra?". (Lean primero el comentario de abajo, el morado, que es el de la editora.)

La verdad es que pensé que el comentario en cuestión era una broma, así que le hice el mismo caso que le hago a mi hijo cuando me dice que quiere tener televisión en su cuarto.
Pero en la siguiente revisión del documento (ya la quinta versión), me encontré este comentario a la pregunta de marras:

Y a ver, que si hago un esfuerzo, creo que puedo entenderlo, porque hay gente pa' tó y entre unos y otros, personas suficientes para mosquearse por absolutamente todo, y no hay más que pasar cinco minutos en tuiter o en la barra de un bar para comprobarlo. Y esa gente, casi toda esa gente, tiene hijos, y esos hijos, muchos de esos hijos, llevan libros de texto. Y en los archivos de las editoriales escolares debe de haber cartas de queja de padres, profes y directores que, puestas una encima de otra, superan la altura de la Torre Bankia o los gastos sin justificar de sus directivos. Y por eso la mejor recriminación que le puedes hacer a un editor de libros de texto es que es "políticamente correcto", porque es la única que no acaba en demanda, o en carta al director, o en veto comercial, porque heroísmos, los justos, que está muy malita la cosa. (Oro, ya podrías aplicarte tú esa copla.) Y supongo que por eso, los editores están obligados a ver más allá de la opción a) e imaginarse mentes calenturientas y tener la mirada más sucia que todos los machos de Los Serrano juntos porque, venga, hombre, cabras haciéndose autofelaciones se han visto, topos apareándose con recién nacidos, elefantes violando rinocerontes... Pero ¿qué animal en su sano instinto querría fornicar con su comida? (Es una pregunta retórica. Por favor, editores y David Lozano, absténgase de contestarla.)
Y eso te cuento, Arturo.

En la imagen, de Richard Avedon, editora con su mascota Mofi, llamando para decirme que hay algo en la unidad 6 que le huele mal, lo que, esta vez sí, me lleva a hacerme cierta pregunta, y como esto no es un libro de texto la formularé tal y como tiene que ser formulada:
¿qué coño hace una editora con una mofeta en la cama?

martes, 30 de septiembre de 2014

Mi Pepe

Se emociona hablando de libros, con título y nombre de autor, y hay que quitarle la palabra porque si no, no la suelta. Se emociona igual o más hablando de alumnos, con nombre y apellido, y en todos, absolutamente todos, deposita alguna expectativa. Se emociona hablando de Su Biblioteca, que es la biblioteca del centro pero que es mejor desde que él la hizo suya, y ahora mismo proyecta ampliarla al exterior. "Un chill out, ¿os imagináis? Los alumnos leyendo en hamacas cuando haga buen tiempo". Despotrica, porque también despotrica, contra la tontería y el esnobismo tanto como contra la falta de rigor, pero sabe a quién hay que pedírselo, y, ya puestos, pide también entusiasmo. Disfruta de forma genuina leyendo literatura infantil y juvenil, y le sorprende que alguien no lo haga. Sabe lo que es bueno pero nunca le he visto enarcar una ceja. Soporta a sus amigos escritores y les alienta a crear su obra. Lee y escribe, no solo en su blog, y anima a leer y a escribir, y hay hasta quienes recibieron sus cartas y han acabado montado una librería infantil. Nadie en un radio de 2 kilómetros se librará de su influjo lector. Si alguien pasa a su lado y Pepe no saca de él un lector, ningún otro lo hará.

Escribo esto mientras de fondo mi hijo canturrea una canción que acaba de inventar contra una de sus profesoras. (No es Carmen. Carmen, te queremos.) Lo escribo y sé que, aun después de hacerlo, faltan palabras para hablar de los buenos profesores, profesores como nuestra Carmen, como mi Juan, como nuestro Diego, como Pepa, como Toni, como mi Pepe, y sobran para hablar, o cantar, de los no tan buenos.
Este del que yo les hablaba, el bueno, es Pepe, mi Pepe, pero seguro que ustedes tienen su Pepe, un Pepe digno de un tag de booktubers (#MiPepe). Igual incluso son ustedes un Pepe cualquiera. En ese caso, gracias. (Y no crean que Pepe me ha invitado a comer, que ha sido más bien al revés, y tengo testigos.)
 En la imagen, mi Pepe leyendo a sus alumnos.

PD: Me pide mi hijo que le lea lo que he escrito. Cuando acabo me dice: "Pero di algo más de Carmen y de Diego, que se lo merecen". ¿Lo ven? Faltan palabras para hablar de los buenos profesores.

lunes, 5 de mayo de 2014

Lorca está llorando

Venga, voy a meterme en un jardín, que andaba yo muy tranquilita. Pero es que no me puedo callar ante lo de Lorca, Machado y Anaya. Se habrán enterado, pero les resumo: Anaya incluye en su libro de Lengua de primero de Primaria publicado en 2011 una biografía de Federico García Lorca, la que pueden leer en la foto. Miles de niños lo leen hasta que un padre de Granada que estudiaba con su hija repara en el texto, se escandaliza y salta la polémica. La editorial viene a decir que era cosa del profesor ampliar, o no, la información pero, para quitarse de líos, promete retirar y destruir los libros. Por su parte Luis Naranjo, director general de Memoria Democrática, está estudiando qué medidas tomar. De momento dice que el texto es impresentable.
El texto es para niños de 6 años y, por lo que pueden ver en la foto, es -maqueta obliga- muy breve. El último párrafo es el de la polémica, pero permítanme que analice el texto de principio a fin con detenimiento. ¿Que quién soy yo para meterme en esto? Entre otras cosas, la coautora de muchos libros de Lengua (no de este) y de un libro de Historia para niños de 6 años. Allá voy:
"Federico García Lorca nació en un pueblecito de Granada." 
Bien. Creo que a Lorca le gustaría el diminutivo.
"Su primera obra de teatro se estrenó en Madrid."
No sé. Teniendo tan pocos caracteres... ¿Es tan importante el dato de Madrid? ¿No bastaría con mencionar que Lorca escribió teatro? También se podría haber hablado de su teatro para títeres; es un género netamente infantil y no hay tantos clásicos que lo hayan cultivado. Aunque esto se podría contar más adelante. Antes quizá yo habría empleado algunos caracteres en contar que la madre de Lorca fue maestra, porque es verdad, porque es algo que imprime carácter y porque es un dato que puede interesar a un niño de 6 años. O contar que estudió música, porque además tiene que ver con la frase siguiente que es:
"Lorca y su amigo Manuel de Falla organizaron el primer festival de canciones populares andaluzas".
Me falta "su amigo el músico". Es un dato que un niño de 6 años aún no sabe. Quizá me sobra el concepto de "festival de canciones populares andaluzas". ¿Se ha explicado en la unidad anterior? Porque si aún no se ha explicado que las canciones populares son, como los cuentos populares, como los chistes, esas que sabían los abuelos y los tatarabuelos... y que nadie sabe quién inventó; si aún no se ha contado esto, todo ese sintagma es un blablablá de categoría. Quizá se podría haber contado en ese momento que Lorca tuvo muchos amigos artistas: el pintor Dalí (suele mencionarse en Infantil), el músico Manuel de Falla, el poeta Juan Ramón Jiménez...
"Cuando apareció en las librerías su obra Romancero gitano, Lorca se convirtió en el poeta más popular de España."
Me parece estupendo que se cuele aquí este título, aunque no sepan con 6 años qué es un romancero, pero se entiende perfectamente que es el título de una obra importante de Lorca, y está lo gitano, que fue tan esencial en su obra. Lo que menos me convence es que se emplee la palabra "popular" que aparecía en el párrafo anterior, pero que aquí tiene otro sentido, o doble sentido ("famoso" y "del pueblo").
Sigo:
"Tras el éxito conseguido, Lorca decidió conocer otros países. La ciudad de Nueva York le impresionó tanto que publicó un libro de poemas sobre ella: Poeta en Nueva York."
Está muy bien hablar de esto después de la mención al Romancero gitano, y sería muy del gusto de Lorca, que se sintió algo encasillado. Además, ¡es tan bonito Poeta en Nueva York y ya solo el título puede evocar tantas cosas a un niño de 6 años harto de ver Central Park en series como Jessie! Quizá aquí se podría haber hablado de cómo Lorca colaboró con las misiones pedagógicas, esos viajes por pueblos de España llevando la cultura...
Llegados a este punto, supongo que muchos de mis lectores me habrán abandonado, por rollera, por pesada, por pejiguera. Fíjense la de dudas que me planteo ante cinco frases. Pero es que de eso se trata. Hacer un texto como este no es fácil. Lo sabemos los autores y editores de libro de texto, gente amante de la educación, el rigor y la inteligibilidad, y temerosa de quienes quieren destruir libros, que son muchos y muy distintos.  Por ellos me he batido el cobre en alguna ocasión y pienso seguir haciéndolo mientras lo considere oportuno.
Y ya llego al párrafo de la discordia: 
"Poco después de terminar su última obra de teatro, La casa de Bernarda Alba, Federico murió cerca de su pueblo, durante la guerra de España".
Bueno, sí, esta redacción no me acaba de convencer. Parece como si Lorca pensara: "voy a hacer mi última obra y luego me muero". Yo habría escrito algo tipo: "Lorca escribió muchas obras de teatro que se hicieron muy famosas, como Bodas de sangre [ey, cómo suena eso a oídos de un niño de 6 años, ¡a zombis!] o La casa de Bernarda Alba. Es una pena que no le diera tiempo a escribir más. Murió muy joven, por culpa de la guerra."O "lo mataron en la guerra". Pero sabiendo, claro, que un niño de 6 años no va a dejar pasar esta segunda frase sin más. Va a preguntar a su profe quién, cómo y por qué. Pero, en serio, ¿hace falta poner más en el libro? ¿Se puede explicar algo más en estos pocos caracteres que son un prolegómeno a la lectura de El lagarto está llorando?    
Siento si frustro sus expectativas no acabando este post con el ataque furibundo a ese texto que algunos juzgan tan "antidemocrático". Pero lo siento. No me sale. No es el momento. Aún no. Antes hay que hablar de otras cosas. Para Lorca, ante la falta de luz, lo que hacía falta era cultura. Y belleza. Los niños que leían ese libro que ahora se va a destruir, iluminaban sus vidas con El lagarto está llorando. Eso es lo que yo quiero que sepa un niño de Lorca. Creo que también es lo que querría Lorca.
Teniendo esas maravillosas poesías llenas de lunas, de abejitas de oro, de niñas, de aceitunas, de risas de plata nueva, de mariposas del aire, de juegos... ¡qué iba a querer Lorca que los niños de 6 años leyeran palabras tan feas como "exilio", "fusilamiento", "franquismo", "fascistas"! ¡Qué iba a querer que destruyeran libros ese hombre que exclamaba "¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir:‘amor, amor’"! ¡Vamos, hombre!

jueves, 10 de abril de 2014

Como debe ser

Vengo de que me den charlas.
Prefiero, con mucho, estar abajo, de oyente. Los que estaban arriba, los ponentes, eran lectores y lectoras de entre diez y quince años. Arriba era muy arriba, porque la cosa tuvo lugar en el teatro Cruce de Culturas, en Agüimes, que es un pedazo teatro. Y “la cosa” era el III Congreso de Jóvenes Lectores de Gran Canaria, un congreso como debe ser, un congreso donde acudimos unos pocos autores y cientos de lectores. Lo que allí vemos los autores es la punta del iceberg, la exposición de un trabajo que ha durado meses, trabajo (mucho) de alumnos, profesores y organizadores.
En este congreso los autores vamos de miranda; los que curran son los lectores, como debe ser. No solo porque yo tenga una vocación frustrada de vaga sino porque ese es el modo de hacer lectores: hacerles partícipes.
No podemos limitarnos a darles de leer como quien da de comer a un perro. Es tanto lo que ellos, niños y jóvenes, pueden hacer respecto a la lectura: elegir, compartir, cuestionar, escribir, leer más, votar… A mí en este congreso me han dado croquetas caseras, un repaso, un booktrailer, varios Power Point, una representación, varias ponencias, una camiseta, varios blogs, un acróstico, todo un vestuario, mucho que pensar y mucho amor. Me sentía Justin Bieber firmando camisetas, brazos, muñecas (“no me voy a lavar nunca”, me decían), haciéndome selfies con lectoras, recibiendo abrazos...
Ya lo he dicho alguna vez, no me gusta llenar este blog de experiencias así; temo que suene a autobombo y poco más. Además, no todos los encuentros son tan buenos. De hecho, venía de tener un par de encuentros poco “encontrados” la semana pasada. Pero creo que iniciativas como esta, la del Congreso de Jóvenes Lectores de Gran Canaria; la de clubs de lectura como Contenedores de Océanos; la de eventos que movilizan en torno a la lectura a toda una ciudad como los premios Mandarache y Hache, deben conocerse. Es más, deberían exportarse.
Y luego, sí, también habrá que darles de leer. Pero mejor esperar a que coincida que tengan hambre, o abrirles el apetito. Y sobre todo, darles cosas dignas de comer. Pero sobre eso… Sobre eso ya les doy la lata mañana.

En la imagen, de La dolce vita: yo, rodeada de jóvenes lectores, poco antes de sacar yo misma mi móvil para fotografiar a las auténticas estrellas del congreso, ellos.

martes, 31 de diciembre de 2013

Lucys para el 2014

¡Anda que no habrán recibido a estas alturas felicitaciones! Graciosas, bonitas, cursis, originales, embajadoras de buenos recuerdos, talibanas de la alegría...
No iba a publicar aquí una felicitación de año nuevo (no porque no les desee lo mejor sino por no darles la tabarra) pero he encontrado algo, alguien, que quiero compartir con ustedes. Y ese, esa, va a ser mi deseo: Lucys Molinares para el 2014.
Dice Álex Grijelmo aquí que Lucy Molinar es a la vez
rigor y alegría, trabajo y baile,
convicciones y diálogos, firmeza y seducción
Y eso es justo lo que les deseo, todo eso: que lo practiquen, que lo reciban, que lo compartan, que lo apliquen...

Lucy Molinar es ministra de Educación en Panamá y si pinchan en el enlace, el de Educación, sabrán quién es ese otro personaje-del-año de la foto que obviamente no se llama Lucy. No digo más porque ahí se dice todo.
Besos. Y rigor y alegría, trabajo y baile...

viernes, 13 de septiembre de 2013

Nooo, la ficha noooo

Miren cómo se han quedado estos niños cuando han oído decir a su profe: "y ahora, la ficha". Para que levanten cabeza, les he escrito esto. Me lo han publicado en el Heraldo Escolar, que retoma su andadura con el comienzo del curso.

¿Todavía no lees? Eso es que no conoces...  
Dime, de Aidan Chambers
Dime no es un libro para ti. Es para tu profe. Pero sigue leyendo que te explico.
Si empezamos con Dime es por una buena razón: porque queremos que este curso disfrutes muchísimo leyendo… y también después de leer. Y es que a veces, después de leer, toca hacer unas fichas que son un tostón y piensas: “El libro me gustó pero la ficha…” O, peor: “Encima de que el libro no me gustó tengo que escribir sobre él” (aunque te advierto que algunas personas se lo pasan bomba hablando mal de libros que no les han gustado).
Mucha gente se dedica a investigar sobre qué hacer después de leer. Aidan Chambers es uno de ellos. Aidan ha sido maestro, editor, escritor… Lo importante es que Aidan ha probado con muchos niños qué hacer para disfrutar aún más de los libros después de haberlos leído, porque como decía Sarah, de ocho años (y esto también lo cuenta Aidan): “nosotros no sabemos lo que pensamos sobre un libro hasta que hemos hablado de él”.
¿Y qué es eso tan especial que propone hacer Aidan? Hablar del libro.
¿Y eso es todo? Pues sí, pero hacerlo bien no es tan fácil. De hecho, Aidan escribió un libro de 172 páginas solo para contarlo. El libro, Dime (ed. FCE), incluye trucos para elegir lecturas, para leer mejor, para hablar sobre libros, juegos… Ponemos la cita con la que empieza el libro para tu profe, y a ti te deseamos más conversaciones bonitas sobre libros y menos fichas.
“Una nueva descripción de la lectura podría cambiar lo que ‘es’ leer; ciertamente cambiaría la manera en que la vemos… Si empezáramos ahora a hablar de la lectura en términos de ‘diálogo’ y ‘deseo’, ¿no sería ese un mejor comienzo?” Margaret Meek
Diálogo y deseo, ¿qué mejor inicio para este comienzo lector?

Las fotos son de Sabine Weiss. En esta segunda salen los de antes, que al final no han hecho la ficha y se han dedicado a hablar un buen rato sobre Sapo y Sepo. Miren qué contenticos se les ve. Parecen otros.
(La primera, en serio, aunque todo es en serio pero ya me entienden, pertenece a este libro.)

martes, 28 de mayo de 2013

Rehenes

Oigo en la radio a alguien diciendo que nuestros próceres no se han dado cuenta de que la educación es el futuro y que la prueba es que los distintos partidos no han sido capaces de pactar una ley que sobreviva a los cambios de gobierno. Y pienso que no, que es al revés, que precisamente se han dado cuenta y como se han dado cuenta, nadie ha querido ceder precisamente en esto, porque eso sería ceder el futuro.
Añadiría "y no sé si eso [esta consciencia interesada de la importancia de la educación] es tranquilizador o escalofriante" porque esa es una frase de Croquetas y wasaps y a mí me encanta autocitarme, pero no. Esto sí lo sé: esto es escalofriante.
Todos quieren el futuro para sí. Si será poderosa la educación... Desde ella, se controla el futuro y hasta se cambia, si hace falta, el pasado.

En la imagen, de Dorothea Lange, dos niños viendo venir la LOMCE.

sábado, 12 de enero de 2013

A tiros con Pérez-Reverte

¡Van provocando! Así no hay manera de cumplir los propósitos de año nuevo. En fin...

Estimado Arturo:
Dices:
"Han caído en mis manos algunos libros de texto escolares para niños de diez a trece años. Sólo fueron media docena, aclaro. Ignoro si todos tocan el mismo registro, o por una siniestra casualidad cayeron en mis manos sólo raras bazofias. El detalle es que con ellas se forman escolares en España. No sé si muchos o demasiados, pero da igual: con los que he visto estudian miles de niños. Todo lleva mucho dibujito, mucha estampita, mucho colorín. Como envoltorio. Y dentro, unos textos escritos con desgana, sin criterio. Superficiales y sin sentido. Hasta el punto de que su atenta lectura me deja en la tecla varias preguntas. ¿Quién los hace?, es la primera. ¿Nadie es responsable de su contenido?... Porque, aunque figuran nombres y editoriales, este aspecto parece más bien difuso. No queda claro si se trata de autores con implicación directa o de comités de lectura, supervisores apresurados de textos que redactan otros: mano de obra barata que debe cumplir plazos urgentes, negros sin cualificación y sin motivaciones. Porque dudo que gente solvente, seria, con autoridad docente, sea responsable de algunas de las cosas que he visto.

Resulta menos evidente en matemáticas, por ejemplo. En disciplinas donde dos y dos suman cuatro. Pero cuando se refieren a lengua, conocimiento del medio y cosas así, el desorden y la aparente improvisación saltan a la cara en cada página. Las ideas básicas se pierden en detalles accesorios, lugares comunes, vaguedades facilonas. La Historia se plantea sin cronología, con absurdos y confusos saltos adelante y hacia atrás que nada establecen. Tampoco hay lecturas, o muy pocas. Ni criterio. Sólo ideas simples sin contexto intelectual, ni contrastes. Los textos se limitan a cumplir, supongo, con programas generales; pero no ahondan en nada. Todo es falto de rigor, sin plan último."
Lo dices entre otras muchas cosas, pero me centro en esto porque si respondo a todo tu artículo acabo haciendo el borrador de una nueva ley de educación, y es lo último que nos faltaba.
Perdona que no te haya contestado antes pero llevo toda la semana trabajando en un libro de Lengua buscando la mejor traducción de La vuelta al mundo en ochenta días, escogiendo un fragmento, decidiendo si poner Julio o Jules, elaborando preguntas de comprensión lectora... y tenía a la editora persiguiéndome con una fusta.
Respondo, ya ves, por alusiones porque tú preguntas quién hace los libros de texto, y te respondo: yo. No sola, claro. Aparezco en los créditos de decenas de libros de texto entre un pelotón de personas serias, acompañada por otro pelotón de editores, responsables de sus contenidos.
Arturo, si te deseara algún mal en esta vida, sería que tuvieras como editor a alguien procedente del mundo de los libros de texto. He conocido muchos editores (editoras sobre todo) y, créeme, no los hay más pesados, pejigueros, tocapelotas (uy, que me estoy pérez-revertiando)... quiero decir, más exigentes, meticulosos, rigurosos y sistemáticos que aquellos que editan libros de texto. Ni los ingenieros, ni los del CSI, ni los artificieros; no hay oficio que requiera tanto cuidado y que conlleve tanta consciencia del riesgo y de la responsabilidad como el del editor de libros de texto.
En una cosa te daré la razón: los autores de libros de texto somos mano de obra barata que debe cumplir plazos urgentes, o al menos yo. Juzga tú mismo: por este trabajito para dos libros de Lengua que llevo haciendo desde finales de agosto voy a cobrar 2.300 euros. Teniendo en cuenta que el trabajo me va a llevar más de seis meses, teniendo en cuenta las horas que he metido y que meteré, teniendo en cuenta que firmo una clásula en la que me comprometo a hacer en un futuro los cambios que sean necesarios cuando la nueva ley deje de ser una adivinanza, porque sí, los textos cumplen, aunque no "se limitan a cumplir", con programas generales que vienen dados por la ley... considero que mi trabajo no está exactamente bien pagado.
[Cielos, años labrándome una imagen de lujo, aristocracia y glamour para acabar detallando estas miserias.]
Me dirás entonces que por qué lo hago. Y ahí es donde te respondo a lo que más me duele, a aquello sobre los "negros sin cualificación y sin motivaciones". Arturo, soy blanca, y podría estar haciendo otras cosas, pero si hago esto es porque me gusta, porque aprendo una barbaridad con cada libro, porque creo que puedo aportar algo (mi rigor, mis conocimientos, mi exigencia, mi salero)... Hoy mi hijo, de siete años, jugaba al Pasapalabra conmigo. Era él quien hacía de presentador e inventaba las preguntas. "Empieza por la b", me ha dicho, "trabajo". La palabra en la que había pensado y que no he sido capaz de adivinar era "vocación", lo que dice muy poco a favor de la ortografía de mi hijo y mucho a favor de su futura implicación laboral. Pues eso, Arturo, que esto de la educación -los docentes lo saben- es como un sacerdocio.
Te diría más, como que encontré tu artículo un poco "falto de rigor" y algo "difuso", pero es que, de verdad, tengo mucho trabajo pendiente, unos plazos urgentes que cumplir y una editora que no se cansa de perseguirme y pedirme más y más.
¡Ah! Y también se pueden dar clases sin libros de texto.
Un beso,
Begoña Oro

PD: Da un poco de risa o de no-sé-qué llegar al final de tu artículo en tu página web y leer eso de "Santillana Ediciones Generales S.L.".

En la imagen, de Eugenio Recuenco, Arturo y yo. Arturo, querido, que si prefieres el florete no hay problema, que yo también he tenido maestro de esgrima.

Edito (11-3-2013): Manda huevos que haya tenido que editar esta entrada para corregir la cantidad que voy a cobrar. En principio, y así lo había escrito, iban a ser 3.160 euros, pero esa cantidad incluía la elaboración de los recursos didácticos, y no me siento con fuerzas para hacerlos, así que finalmente cobraré la bonita suma de 2.300 euros. No calculo a cuánto me sale la hora porque no quiero acabar dando la razón a Arturo y hoy estoy a un tris de sentirme "sin motivaciones". Ahora, lo bonita que me ha quedado la unidad 12...

lunes, 16 de abril de 2012

Una entrada (casi) alegre y una errata* mundial

No están los tiempos para hacer una columna como una canción feliz de Michael Jackson, de esas llenas de niños, coros, palmadas y el sintagma “mundo mejor” repetido hasta la hiperglucemia. Pero lo voy a intentar, qué caramba, porque la felicidad es un empeño en el que deberíamos poner todas nuestras fuerzas.
Además, si ser optimista es creer que seremos felices en el futuro, tengo miles de motivos para el optimismo. Todo porque he estado visitando el futuro con una profusión que para sí quisieran los de la universidad de Pittsburgh. Digo Pittsburgh y no Alabama porque es allí, en Pittsburgh, donde llegaron a la conclusión de que los adolescentes que leen son más alegres. Eso, después de examinar a 106 chavales.
Para afirmar que la lectura hace felices a adolescentes y niños, a mí me basta con ver a uno, el desdentado que habita en mi casa, pero para hacer aseveraciones así parece que haga falta una muestra cuantiosa y con un apellido distinto al tuyo. Pues bien, la tengo. Y mucho mayor que la muestra de la universidad de Pittsburgh. Llevo tres meses paseándome por colegios e institutos, visitando el futuro, ya digo. Calculo que habré estado con unos 5.006 niños, niñas y adolescentes. La excusa para vernos es que habían leído mis libros. Igual es por eso, porque son lectores, por lo que los he encontrado tan alegres, tan refrescantes, tan burbujeantes, tan llenos de esa fuerza imposible de embotellar que llamamos “vida”. Sospecho que lo que los convierte en antídotos con patas contra el pesimismo no es (solo) la lectura. Son mundiales. Y lo digo así, sin rigor estadístico ni semántico, con la visceralidad del forofo.
A los 5.006 motivos para el optimismo que he conocido, debo sumar 220,24* motivos más, que son los profesores y profesoras que sonreían al ver sonreír a sus alumnos (¿ven como esto ya se va pareciendo a una canción cursi de Michael Jackson?), los mismos que al despedirse, decían en voz baja, como quien confiesa un pecadillo: “Lo peor son los padres. Yo, cuando soy feliz, es cuando cierro la puerta de clase y me quedo con mis alumnos”. No sé si lo peor son los padres, o los inspectores, o el inventor de las competencias básicas. Tampoco sé si me habrían dicho lo mismo si, después de cerrar la puerta de clase, al volverse se encontraran con cuarenta detonadores de vida en posición permanente de estallido en vez de con veinticinco.
Lo que sé seguro, y lo sé porque tuve un buen profesor de matemáticas, es que, en ese caso, en vez de 220,24* motivos más para el optimismo, me habría encontrado solo con 125,15. Y sería una pena.
Vaya, tener que meter la pena. Con lo alegre que me estaba quedando esta columna. Casi como un himno de aquellos de Michael Jackson.

En la imagen, de Phillipe Halsman, un profesor asumiendo un "mayor esfuerzo".

*Esta columna fue publicada bajo el título "Una columna (casi) alegre" el 15 de abril de 2012 en el Heraldo de Aragón. Esa noche recibí un mensaje de Pili Allanegui, profesora mía de Matemáticas en EGB. "O es una errata del Heraldo, o se te ha olvidado dividir", me decía. "No importa mucho, siempre puedes echar mano de una calculadora." Desde aquí te digo: "Querida Allanegui: Podría decir que fue una errata del Heraldo, o que me pudieron las ganas de aumentar el número de docentes. Pero la realidad es que soy un zote. No sé ni dividir ni copiar. Utilicé la calculadora, y copié mal el resultado. Debí poner 200,24 y puse 220,24."
Confieso que quise exiliarme a otro país al darme cuenta de mi bochornoso error. Pero, bien pensado, me encanta que esto haya sucedido. No hace sino probar lo necesarios que son los maestros. Sin ir más lejos, ya ven, yo aún necesito a la Allanegui. Y lo mejor de todo es que ella aún tiene ganas de seguir haciéndome aprender.
Gracias, Allanegui. Esta va por ti.