Ay, madre. El árbol sin poner, las maletas a medio hacer, los regalos por envolver y yo sin felicitarles las fiestas. Sin siquiera avisarles de que vuelvo a casa, vuelvo, por Navidad. Sin darles la tabarra con aquello de que podemos vernos, debemos vernos, el 27 de diciembre, martes, en Zaragoza, en la librería París, a la una del mediodía, que es la misma hora a la que ayer fui al cine, después de comer, claro. Pero eso era en Dublín.
En la París no estaré yo sola. Estarán todos mis libros y estará Rasi, en persona, o en ardilla. Y el vecindario de La Pera 24, el de Misterios a domicilio. Se supone que Rasi va a repartir abrazos a todos los amigos, que son muchos, de la pandilla de la ardilla. Se supone que yo no, que yo escribo, firmo, dedico libros... porque, ya saben, uno o abraza o escribe. Pero es Navidad, mi hermana va a tener un bebé un día de estos, estoy tierna, igual me estiro, y estiro los brazos y luego los flexiono, que creo recordar que es como se abrazaba. Cortázar tenía que haber escrito unas instrucciones sobre eso.
En fin, haré lo que pueda. Y me hará muy feliz verles por allí.
Siempre nos quedará París. Siempre quise decirlo.
En la imagen: escritora en Navidad en apuros.
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viernes, 23 de diciembre de 2016
lunes, 7 de noviembre de 2016
El día que me abandonó el desodorante
Sudo. Soy humana, como Chenoa.
Mi familia, no. Mi familia, que es un poco inhumana, lleva muy a gala que ellos no sudan. Yo sí, aunque solo cuando me pongo nerviosa. Y el otro día, el día de la presentación de Pistas apestosas, me puse nerviosa, muy nerviosa.
Primero -ya verán qué fruslería– porque me veía fatal. Yo, que voy por ahí escribiendo artículos sobre cómo vestirse para un evento literario, como si fuera una bloguera de moda cualquiera, no sabía qué ponerme para mi propia presentación. O sí, pero cuando me lo puse y me vio mi madre, me miró con tal cara de pena (o así me pareció) que acabé buscando otra cosa. Y yo que creía que estaba curada de esta necesidad de aprobación materna... Pero es que me veía fatal con todo y echaba de menos lo que Dublín hace por mi pelo y por mi piel. ¿No les pasa que hay ciudades, lugares, que les sientan bien y otros que no?
Me equivoqué también al dejarme en Dublín mi desodorante antes-expiras-que-transpiras. Y hasta mi colonia. Yo normalmente huelo a limpio y a Cristalle, o a limpio y Happy. Pero ese día...
Porque me equivoqué también al optar por una blusa de tejido sintético. Pero yo solo sabía que quería llevar el collar que me hizo mi hijo en aquellos campamentos y necesitaba algo que pegara con el collar. En fin.
Después de un día loco de radio-comida-tranvía-radio-tranvía, llegué a la presentación apestando como un runner enfundado en poliéster.
Y se acercaba la hora y llovía y no llegaba nadie, y yo venga a sudar.
Y de repente, tres minutos antes, empiezan a llegar a la Casa del Libro hordas de niños, padres, familiares, amigos, vecinos, exvecinos, lectores..., y yo venga a sudar de calor humano.
Y empieza la presentación, y Pepe Trívez, al que nunca podré agradecer lo suficiente lo que hizo junto al equipo de BBLTK, reparte juego entre los niños. Y lo primero que sale en el juego son unas cartas con el dibujo de una caca apestosa.
Y yo, con los brazos bien pegados al cuerpo, como sujetando un termómetro a cada lado, que si ven las fotos de la presentación podrán comprobarlo. No crean que estaba encogida de frío; estaba intentando inútilmente impedir la expansión de mi propio hedor.
Y David Lozano, pegado a mi izquierda, aguantando estoicamente, claro que él prefiere ir a la morgue que a un McDonald's.
Y mi hijo, a mi derecha.
Y luego hablamos nosotros.
Y luego la gente se acerca a las firmas. Y yo, poniendo las preciosas flores que me habían regalado entre la gente y yo, y rezando por que mis lectores pensaran, al acercarse a mí, que esa peste que les llegaba era un efecto del libro, como esos de Stilton que rascas y huele, que habría estado bien traído dado que el libro se titula Pistas apestosas.
Y se acerca la delicada y siempre bienoliente Ana Alcolea y nos hacemos una foto con David Guirao, David Lozano, Nerea Marco, Pepe Trívez y Susana. Y yo le digo mentalmente a Ana: "Ana, que yo te he traído cremas de Estée Lauder; que tú sabes que no soy así".
Y aún se acerca por detrás, sin el parapeto de las flores ni la mesa, Blanca, una lectora, que luego me regala una entrada en su blog que enlazo aquí para recordarla cuando ya no recuerde casi nada. Y ella habla de mi cercanía con los lectores como una cualidad, como si realmente fuera mejor estar cerca que lejos de mí (que ya les digo yo que no).
Y están Mar, y Luisa, y Júlia, de RBA, que me dicen que no se quedan a tomar algo porque temen perder el tren y yo digo que las entiendo porque soy igual con eso, pero también pienso: "Idos, idos, que yo también me iría, si pudiera, de este apestoso cuerpo mío".
Pero antes de irse, mi querida editora Mar Peris me dice: "Está claro que la gente te quiere". Y estaría claro, pero yo no lo sabía, o no lo sabía tanto, y por eso no podía parar de sonreír y me sentía como un cruce entre Pepe Le Pew, Popeye y Wonder Woman y al día siguiente descubrí por qué.
Al día siguiente de la presentación, tuve el privilegio de ejercer de presentadora en el Congreso contra el cáncer y pude escuchar otra vez al doctor Marcos Gómez, que nos enseñó –ahí es nada– a morir en paz y dejar morir en paz. En su presentación incluyó una cita de JW Goethe que decía: "Saberse querido te hace más fuerte que saberte fuerte". Pero yo te digo, Johann Wolfgang, que saberse apestoso y aun así querido, te hace fuerte no, lo siguiente, que habrá que preguntar a @eslosiguiente, esa genialidad de tuiter, qué demonios es. Quizá sea invencible.
Y todo esto les cuento, esto tan poco elegante que quizá no debería contar. Pero si no es para esto –para contar lo que no se cuenta pero está ahí, persistente–, ya me dirán para qué estamos los escritores.
Bueno, yo con Misterios a Domicilio, la colección que se inicia con Pistas apestosas, me he impuesto una misión extraordinaria: estoy para hacer reír en alto a un niño mientras pasa las páginas de un libro que no puede soltar. Y estoy feliz no, lo siguiente (¿pletórica?), porque lo he conseguido. Tengo pruebas.
En la imagen, lector esperando a que termine de firmarle su ejemplar de Pistas apestosas.
Mi familia, no. Mi familia, que es un poco inhumana, lleva muy a gala que ellos no sudan. Yo sí, aunque solo cuando me pongo nerviosa. Y el otro día, el día de la presentación de Pistas apestosas, me puse nerviosa, muy nerviosa.
Primero -ya verán qué fruslería– porque me veía fatal. Yo, que voy por ahí escribiendo artículos sobre cómo vestirse para un evento literario, como si fuera una bloguera de moda cualquiera, no sabía qué ponerme para mi propia presentación. O sí, pero cuando me lo puse y me vio mi madre, me miró con tal cara de pena (o así me pareció) que acabé buscando otra cosa. Y yo que creía que estaba curada de esta necesidad de aprobación materna... Pero es que me veía fatal con todo y echaba de menos lo que Dublín hace por mi pelo y por mi piel. ¿No les pasa que hay ciudades, lugares, que les sientan bien y otros que no?
Me equivoqué también al dejarme en Dublín mi desodorante antes-expiras-que-transpiras. Y hasta mi colonia. Yo normalmente huelo a limpio y a Cristalle, o a limpio y Happy. Pero ese día...
Porque me equivoqué también al optar por una blusa de tejido sintético. Pero yo solo sabía que quería llevar el collar que me hizo mi hijo en aquellos campamentos y necesitaba algo que pegara con el collar. En fin.
Después de un día loco de radio-comida-tranvía-radio-tranvía, llegué a la presentación apestando como un runner enfundado en poliéster.
Y se acercaba la hora y llovía y no llegaba nadie, y yo venga a sudar.
Y de repente, tres minutos antes, empiezan a llegar a la Casa del Libro hordas de niños, padres, familiares, amigos, vecinos, exvecinos, lectores..., y yo venga a sudar de calor humano.
Y empieza la presentación, y Pepe Trívez, al que nunca podré agradecer lo suficiente lo que hizo junto al equipo de BBLTK, reparte juego entre los niños. Y lo primero que sale en el juego son unas cartas con el dibujo de una caca apestosa.
Y yo, con los brazos bien pegados al cuerpo, como sujetando un termómetro a cada lado, que si ven las fotos de la presentación podrán comprobarlo. No crean que estaba encogida de frío; estaba intentando inútilmente impedir la expansión de mi propio hedor.
Y David Lozano, pegado a mi izquierda, aguantando estoicamente, claro que él prefiere ir a la morgue que a un McDonald's.
Y mi hijo, a mi derecha.
Y luego hablamos nosotros.
Y luego la gente se acerca a las firmas. Y yo, poniendo las preciosas flores que me habían regalado entre la gente y yo, y rezando por que mis lectores pensaran, al acercarse a mí, que esa peste que les llegaba era un efecto del libro, como esos de Stilton que rascas y huele, que habría estado bien traído dado que el libro se titula Pistas apestosas.
Y se acerca la delicada y siempre bienoliente Ana Alcolea y nos hacemos una foto con David Guirao, David Lozano, Nerea Marco, Pepe Trívez y Susana. Y yo le digo mentalmente a Ana: "Ana, que yo te he traído cremas de Estée Lauder; que tú sabes que no soy así".
Y aún se acerca por detrás, sin el parapeto de las flores ni la mesa, Blanca, una lectora, que luego me regala una entrada en su blog que enlazo aquí para recordarla cuando ya no recuerde casi nada. Y ella habla de mi cercanía con los lectores como una cualidad, como si realmente fuera mejor estar cerca que lejos de mí (que ya les digo yo que no).
Y están Mar, y Luisa, y Júlia, de RBA, que me dicen que no se quedan a tomar algo porque temen perder el tren y yo digo que las entiendo porque soy igual con eso, pero también pienso: "Idos, idos, que yo también me iría, si pudiera, de este apestoso cuerpo mío".
Pero antes de irse, mi querida editora Mar Peris me dice: "Está claro que la gente te quiere". Y estaría claro, pero yo no lo sabía, o no lo sabía tanto, y por eso no podía parar de sonreír y me sentía como un cruce entre Pepe Le Pew, Popeye y Wonder Woman y al día siguiente descubrí por qué.
Al día siguiente de la presentación, tuve el privilegio de ejercer de presentadora en el Congreso contra el cáncer y pude escuchar otra vez al doctor Marcos Gómez, que nos enseñó –ahí es nada– a morir en paz y dejar morir en paz. En su presentación incluyó una cita de JW Goethe que decía: "Saberse querido te hace más fuerte que saberte fuerte". Pero yo te digo, Johann Wolfgang, que saberse apestoso y aun así querido, te hace fuerte no, lo siguiente, que habrá que preguntar a @eslosiguiente, esa genialidad de tuiter, qué demonios es. Quizá sea invencible.
Y todo esto les cuento, esto tan poco elegante que quizá no debería contar. Pero si no es para esto –para contar lo que no se cuenta pero está ahí, persistente–, ya me dirán para qué estamos los escritores.
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Bueno, yo con Misterios a Domicilio, la colección que se inicia con Pistas apestosas, me he impuesto una misión extraordinaria: estoy para hacer reír en alto a un niño mientras pasa las páginas de un libro que no puede soltar. Y estoy feliz no, lo siguiente (¿pletórica?), porque lo he conseguido. Tengo pruebas.
En la imagen, lector esperando a que termine de firmarle su ejemplar de Pistas apestosas.
domingo, 8 de junio de 2014
Mi hijo ya no me ve igual
Mi hijo dice que tener una madre escritora es lo peor del mundo. "Es que siempre estás trabajando", se queja.
Sí, señores y señoras. Eso es escribir: estar todo el día trabajando, y sufrir y fracasar y engordar. Bueno, creo que hay algo que estoy haciendo mal. En fin.
PERO.
Este año mi hijo me ha acompañado a la Feria del Libro de Madrid. Y me ha visto entre lectores, en la blogger lit con, el encuentro de blogueros, ese evento que reunió a más de 400 jóvenes y que debiera aparecer en la prensa en vez de tanta noticia apocalíptica sobre jóvenes que no leen y pantallas que les alejan de la lectura. Mi hijo estuvo ahí, el más joven entre los jóvenes, y es una lástima que no se quedara en la caseta de SM por la tarde para verme firmar hasta la tendinitis o, mejor, para ver cuando Jennifer se echó a llorar (y yo casi también) o cuando llegaron esas Croquetas ya leídas, llenitas de post-its, de lugares donde ya nos habíamos abrazado, porque eso son los post-its en un libro, los subrayados, las marcas, las citas apuntadas: un encuentro de dos almas, la de quien lee y la de quien escribe, y juro que he buscado una manera menos cursi de expresarlo pero eso es así y ya está. Tampoco estuvo mi hijo el domingo enel camarote de los hermanos Marx la caseta de Kirikú y la bruja, donde su admirado Roberto Santiago y yo nos turnamos para firmar, sacar bolsas, bajar libros de Divergente de las alturas, pasar tarjetas de crédito, hacernos fotos con lectores, decir "9 euros", hacer risas con Esther y Ana, y abanicarnos.
Aun así, mi hijo ha visto lo suficiente como para saber ahora que su madre no solo escribe sino que su madre es escritora.
Soy escritora porque tengo lectores. Me siento muy afortunada porque... (y ahora les suelto un lema que me he inventado y que no quiero perder nunca de vista:)
hay tanta gente que escribe; tanta que lo hace bien, tanta que lo hace mal...
Y -no busquen un paralelismo exacto con la frase anterior- hay tanta gente que publica, tanta que no llega a publicar, gente, en fin, que no tiene oportunidad de ser escritor...
Solo espero que la próxima vez que ande yo escribiendo, mi hijo sea un poco más comprensivo.
<¡¡¡Mamáaaa!!!>
Ah, no, que me reclama.
<Ahora voy>
A esos lectores que me reclamaban más libros, ya ven: no culpen a Paloma, no culpen a mi vagancia, no culpen a mis dudas... culpen a mi hijo.
En la foto, de Alexander Rodchenko: yo, gritando a los cuatro vientos: "¿Que no leen? ¿Que no leen? ¡Vengan a verlos, que están aquí!"
Sí, señores y señoras. Eso es escribir: estar todo el día trabajando, y sufrir y fracasar y engordar. Bueno, creo que hay algo que estoy haciendo mal. En fin.
PERO.
Este año mi hijo me ha acompañado a la Feria del Libro de Madrid. Y me ha visto entre lectores, en la blogger lit con, el encuentro de blogueros, ese evento que reunió a más de 400 jóvenes y que debiera aparecer en la prensa en vez de tanta noticia apocalíptica sobre jóvenes que no leen y pantallas que les alejan de la lectura. Mi hijo estuvo ahí, el más joven entre los jóvenes, y es una lástima que no se quedara en la caseta de SM por la tarde para verme firmar hasta la tendinitis o, mejor, para ver cuando Jennifer se echó a llorar (y yo casi también) o cuando llegaron esas Croquetas ya leídas, llenitas de post-its, de lugares donde ya nos habíamos abrazado, porque eso son los post-its en un libro, los subrayados, las marcas, las citas apuntadas: un encuentro de dos almas, la de quien lee y la de quien escribe, y juro que he buscado una manera menos cursi de expresarlo pero eso es así y ya está. Tampoco estuvo mi hijo el domingo en
Aun así, mi hijo ha visto lo suficiente como para saber ahora que su madre no solo escribe sino que su madre es escritora.
Soy escritora porque tengo lectores. Me siento muy afortunada porque... (y ahora les suelto un lema que me he inventado y que no quiero perder nunca de vista:)
hay tanta gente que escribe; tanta que lo hace bien, tanta que lo hace mal...
Y -no busquen un paralelismo exacto con la frase anterior- hay tanta gente que publica, tanta que no llega a publicar, gente, en fin, que no tiene oportunidad de ser escritor...
Solo espero que la próxima vez que ande yo escribiendo, mi hijo sea un poco más comprensivo.
<¡¡¡Mamáaaa!!!>
Ah, no, que me reclama.
<Ahora voy>
A esos lectores que me reclamaban más libros, ya ven: no culpen a Paloma, no culpen a mi vagancia, no culpen a mis dudas... culpen a mi hijo.
En la foto, de Alexander Rodchenko: yo, gritando a los cuatro vientos: "¿Que no leen? ¿Que no leen? ¡Vengan a verlos, que están aquí!"
jueves, 22 de mayo de 2014
Citas
Ya va siendo hora de que nos veamos, ¿no?
Llegado el momento, yo fingiré que no me muero de vergüenza. De todas las cosas que sé fingir, fingir que no soy tímida es una de las que mejor se me da. Tú puedes fingir que no lees este blog. O puedes decirme que lo lees. O decirlo en clave; basta con que introduzcas la palabra "chichinabo" en una frase cualquiera. ¡Identifícate, por favor! Me hará ilusión. Me hará mucha ilusión. Si nos hemos visto antes, recuérdame cómo te llamas. No es que tú no seas memorable; es que yo soy un desastre y mis conexiones neuronales, débiles.
Te ofrezco varios puntos de encuentro:
¡Hasta pronto!
Edito (24/ 5/2014): Y durante casi casi una hora, lo vimos ganar. Enhorabuena, chicos.
Imagen de Herbert List.
Llegado el momento, yo fingiré que no me muero de vergüenza. De todas las cosas que sé fingir, fingir que no soy tímida es una de las que mejor se me da. Tú puedes fingir que no lees este blog. O puedes decirme que lo lees. O decirlo en clave; basta con que introduzcas la palabra "chichinabo" en una frase cualquiera. ¡Identifícate, por favor! Me hará ilusión. Me hará mucha ilusión. Si nos hemos visto antes, recuérdame cómo te llamas. No es que tú no seas memorable; es que yo soy un desastre y mis conexiones neuronales, débiles.
Te ofrezco varios puntos de encuentro:
- En Zaragoza, en la Feria del Libro, el sábado 31 de mayo por la mañana (caseta librería Central).
- En Madrid, en la Feria del Libro, el sábado 7 de junio por la
mañanatarde, de 19:30-21:00 (caseta SM) o el domingo 8 de junio (caseta Kirikú y la bruja). El sábado por latardemañana estoy en manos de la BLC. Tiemblo.
¡Hasta pronto!
Edito (24/ 5/2014): Y durante casi casi una hora, lo vimos ganar. Enhorabuena, chicos.
Imagen de Herbert List.
viernes, 24 de mayo de 2013
Quedemos
Bien enterrado por la dignidad, yacía un post lastimero entre los borradores de este blog. Se titulaba "Abofetéenme, por favor" (era un post que se sabía histérico y llorón) y decía así:
¿Dónde y cuándo nos vemos? Les doy varias opciones:
En Zaragoza:
-el 31 de mayo en el club de lectura de literatura juvenil que se celebrará en El Pequeño (y maravilloso) Teatro de los Libros.
-el 6 de junio en la librería Nobel a partir de las 18:30.
-el 8 de junio, ¡presentación de Croquetas y wasaps! (pero ya les daré la tabarra con esto) a las 18:00 en Capitanía (plaza Aragón) y a partir de las 19:00, firmando en la Feria del Libro en la caseta de Librería Central.
-el 9 de junio por la mañana en la Feria del Libro (caseta de la Librería General).
En Madrid:
-el 1 de junio por la tarde en la Feria del Libro. Caseta SM. Y antes, a las 12:30 en una cosa que no sé si puedo contar y que solo contaré cuando me den permiso.
-el 2 de junio por la mañana en la Feria del Libro. CasetaEl Corte Inglés FNAC.
Avergüéncenme. Tírense a la piscina conmigo. Por favor.
Sobre la imagen. Esta vez no les puedo engañar. La de la foto no soy yo. Yo tengo pecas en la espalda como para pintar constelaciones. Ella es La Espalda, fotografiada por Ralph Crane.
Esta entrada está dedicada a todos los lectores y lectoras que me hacen saber que no estoy sola, y en especial a Carmen Calvo.
"Trabajar cansa", dijo Cesare Pavese.Claro que eso lo escribí hace mucho. Ahora no es momento de escritoras lloronas y sus pamplinas (anda que no hay soledades peores) sino de lectores risueños y firmas, palmaditas o reclamaciones. Es el momento de que me lean, si quieren, y de que nos veamos, y nos encontremos, y sepamos que no estamos solos.
"Escribir desgasta", dijo Daniel Nesquens.
"Leemos para saber que no estamos solos", dijo C.S. Lewis.
Y sin embargo no hay soledad comparable a la que siente el escritor.
Pero yo creía que me gustaba la soledad.
¿Dónde y cuándo nos vemos? Les doy varias opciones:
En Zaragoza:
-el 31 de mayo en el club de lectura de literatura juvenil que se celebrará en El Pequeño (y maravilloso) Teatro de los Libros.
-el 6 de junio en la librería Nobel a partir de las 18:30.
-el 8 de junio, ¡presentación de Croquetas y wasaps! (pero ya les daré la tabarra con esto) a las 18:00 en Capitanía (plaza Aragón) y a partir de las 19:00, firmando en la Feria del Libro en la caseta de Librería Central.
-el 9 de junio por la mañana en la Feria del Libro (caseta de la Librería General).
En Madrid:
-el 1 de junio por la tarde en la Feria del Libro. Caseta SM. Y antes, a las 12:30 en una cosa que no sé si puedo contar y que solo contaré cuando me den permiso.
-el 2 de junio por la mañana en la Feria del Libro. Caseta
Avergüéncenme. Tírense a la piscina conmigo. Por favor.
Sobre la imagen. Esta vez no les puedo engañar. La de la foto no soy yo. Yo tengo pecas en la espalda como para pintar constelaciones. Ella es La Espalda, fotografiada por Ralph Crane.
Esta entrada está dedicada a todos los lectores y lectoras que me hacen saber que no estoy sola, y en especial a Carmen Calvo.
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jueves, 18 de abril de 2013
Delantales y tacones
He llegado a la cima de mi carrera literaria. Ahora les cuento. Pero antes, unas líneas para la publicidad.
$
¡Voy a firmar croquetas! Este domingo, 21 de abril, estaré de seis a nueve en la Feria del Libro de Alcalá de Henares. ¡Y ya estará mi nuevo libro, Croquetas y wasaps! Y el sábado 1 de junio (coincidiendo con la Blogger Lit Con, ¡sí!), estaré en la Feria del Libro de Madrid.
Antes, el 23 de abril, el libro estará esperándoles, por lo menos en Zaragoza, en los puestos del Paseo Independencia. Por ahí andará mi madre. La reconocerán porque se paseará Independencia arriba, Independencia abajo, con un delantal y un rodillo de cocina, y les atizará con él como vea que pasan de largo sin probar mis croquetas. Ándense con ojo. Yo tengo un surco en el cráneo de recibir sus zuecazos de pequeña.
Estará mi madre y no yo, porque...
Y ahora les cuento lo de la cima de mi carrera. ¡¡Me han invitado a la entrega del Premio Cervantes!! ¿Se puede aspirar a más? (Creo que necesito una agente que me pula los signos de exclamación y me adiestre en el arte del postureo.)
Me tomo esta invitación como un triunfo de la literatura infantil y juvenil (¿qué represento yo sino eso?), o quizá es que Caballero Bonald se ha asomado a mi venta y, como es de por ahí, ha dicho: "voy a ver si esta chica me da la dirección exacta para ir a tomarme un vino". O quizá, y de las opciones que barajo es la más probable, es que todos los escritores del mundo estaban demasiado ocupados firmando en Sant Jordi y ya no quedaban autores para ir al Cervantes. Sea cual sea el motivo, si me lee el o la inconsciente que me incluyó en esa lista de invitados, que se identifique porque tengo un abrazo que darle.
La imagen es de la entrega del premio Cervantes del año pasado. No sé lo que verán ustedes ahí. Yo solo veo ese enguijarrado mortal y ando tirándome piedrecitas por el salón y paseándome con el chaqué y los tacones para ir practicando, porque además yo no iré aferradita a un príncipe.
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¡Voy a firmar croquetas! Este domingo, 21 de abril, estaré de seis a nueve en la Feria del Libro de Alcalá de Henares. ¡Y ya estará mi nuevo libro, Croquetas y wasaps! Y el sábado 1 de junio (coincidiendo con la Blogger Lit Con, ¡sí!), estaré en la Feria del Libro de Madrid.
Antes, el 23 de abril, el libro estará esperándoles, por lo menos en Zaragoza, en los puestos del Paseo Independencia. Por ahí andará mi madre. La reconocerán porque se paseará Independencia arriba, Independencia abajo, con un delantal y un rodillo de cocina, y les atizará con él como vea que pasan de largo sin probar mis croquetas. Ándense con ojo. Yo tengo un surco en el cráneo de recibir sus zuecazos de pequeña.
Estará mi madre y no yo, porque...
Y ahora les cuento lo de la cima de mi carrera. ¡¡Me han invitado a la entrega del Premio Cervantes!! ¿Se puede aspirar a más? (Creo que necesito una agente que me pula los signos de exclamación y me adiestre en el arte del postureo.)
Me tomo esta invitación como un triunfo de la literatura infantil y juvenil (¿qué represento yo sino eso?), o quizá es que Caballero Bonald se ha asomado a mi venta y, como es de por ahí, ha dicho: "voy a ver si esta chica me da la dirección exacta para ir a tomarme un vino". O quizá, y de las opciones que barajo es la más probable, es que todos los escritores del mundo estaban demasiado ocupados firmando en Sant Jordi y ya no quedaban autores para ir al Cervantes. Sea cual sea el motivo, si me lee el o la inconsciente que me incluyó en esa lista de invitados, que se identifique porque tengo un abrazo que darle.
La imagen es de la entrega del premio Cervantes del año pasado. No sé lo que verán ustedes ahí. Yo solo veo ese enguijarrado mortal y ando tirándome piedrecitas por el salón y paseándome con el chaqué y los tacones para ir practicando, porque además yo no iré aferradita a un príncipe.
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miércoles, 13 de junio de 2012
Lo que te mereces
Voy contando lo feliz que estoy porque en la Feria del Libro de Madrid tuvieron que poner vallas para controlar la cola que se formaba ante la caseta donde firmaba libros. Lo que no he contado, hasta ahora, es lo del año pasado.
Era un bonito día de primavera. La editorial me había sacado el billete del AVE para ir a firmar a Madrid en la Noche de los Libros. Como se trataba de escribir, me puse un vestido ideal con letras manuscritas estampadas y con escote palabra, de honor, y unos taconazos. Parecía la Carrie Bradshaw de las letras. En el bolso llevaba tres bolígrafos diferentes, por si explotaban, por si perdía uno, por si se gastaban...
Llegué a Madrid y me fui a mi puesto. Tenía asignada una hora de firmas en el lugar más concurrido de todo Madrid, la FNAC de Callao. No era la única. Cada hora firmábamos cinco autores a la vez. Nos situaban a pie de calle, en una especie de parrilla de salida, todos en paralelo, mirando al frente. Delante teníamos una mesa con mantel blanco sobre la que tamborilear. Detrás, un solícito camarero que nos traía canapés y bebidas. Ya sabían lo que se hacían, ya.
Preparados, listos, ya. A mi derecha, Benjamín Prado hacía trampas. Se traía unas amigas de casa. Las amigas no le compraban libros pero le traían un whisky y le daban conversación. A mi izquierda, Jorge Molist acariciaba su bolígrafo. A la izquierda del todo… Mariló.
“¿Y eso?”, preguntó Molist haciéndose el intelectual, que es lo que toca en esas circunstancias. A mí no me importó hacerme la maruja y contarle que aquella ante la que hacían cola más de cien personas era Mariló, la Ana Rosa Quintana de la 1. Mariló no había plagiado nada ni había encargado ningún error informático a su cuñado, pero ponía su sonrisa profident y su cuerpo serrano en la cubierta de un libro de recetas.
Cuando Mariló había dado 76 vueltas, los demás aún no habíamos salido.
Mariló se hinchó a firmar. Yo me hinché a canapés. Firmé cero libros.
No me importa, ni me importa que Mariló firmara tanto. Creo que al final los escritores encuentran a sus lectores y los lectores a sus escritores, aunque hay lectores, pobres, que no encuentran sus escritores y acaban creyendo equivocadamente que no les gusta leer. Pero en general los escritores acabamos teniendo los lectores que nos merecemos, y viceversa.
Supe de un escritor al que se acercó una lectora para decirle lo mucho que le había gustado su libro. El escritor se dedicó a examinarla, juzgando si era digna de él. Valiente cretino, cuestionar a quien ha dedicado minutos, horas de su vida a leerte… Ella dejó de leerle. Él no se la merecía. Ante un lector, solo cabe el agradecimiento. Gracias.
Con este texto, que apareció publicado en Heraldo el 10 de junio de 2011, acabo con las entradas ombliguistas y me dispongo a darles su merecido: fotos bonitas y textos sublimes, o viceversa. Esa es mi intención. Gracias, de nuevo, de corazón, de verdad, por leerme. Sigue asombrándome que lo hagan. No soy digna.
En la imagen: Mariló.
martes, 29 de mayo de 2012
¿Nos vemos?
Cuando alguien que me lee dice que quiere conocerme en persona, me echo a temblar. "Preferiría no hacerlo", me dan ganas de contestar. Pero no por mí sino por mi lector. Temo que solo pueda defraudarlo.
Elegí escribir entre otras cosas porque vivo en diferido; soy lenta, tardo en procesar lo que me cuentan, en dar con la respuesta, necesito mi tiempo. Entre otras cosas porque soy tímida, soy más de escribir que de abrazar. Entre otras cosas porque (ya lo dije pero lo repito para que no sigan dando tumbos por este blog) tengo una discapacidad: en persona no valgo nada, yo solo sé ser por escrito.
Sin embargo, este fin de semana voy a la Feria del Libro de Madrid. El viernes estoy en una charla-coloquio nada menos que en la pre-quedada de la Blogger Lit Con, y el sábado por la mañana firmo en la caseta de SM.
Comprenderán que esté acongojada, o algún casi-anagrama similar. Leo el entusiasmo de los blogueros y blogueras ante la quedada y me amilano. Lo que en verdad desearía es ser una de ellas, estar entre el público, vivir ese encuentro con la excitación loca y la irresponsabilidad de no tener que tomar apuntes. ¡Eh! ¡Yo también soy bloguera!
No cuela, ¿verdad?
Por suerte no estoy sola. En la charla-coloquio estarán Maite Carranza, Jorge Gómez Soto, Jorge María Juárez y Pedro Riera, y nos moderará Bella, de Soñadores de libros.
Pero leo que Pedro Riera dijo en una entrevista: "Cuando me preguntan qué es lo que más me gusta y lo que menos me gusta de ser escritor respondo lo mismo a ambas preguntas: las presentaciones y las charlas. Detesto hablar en público, pero al mismo tiempo, sólo tienes contacto con tus lectores en ese tipo de actos". Y Jorge Gómez Soto, cuando habla en su imprescindible blog de este evento, exclama: "¡Y yo con estos pelos!". Sumen a eso mi discapacidad.
Va a ser un desastre.
No pueden perdérselo.
Les espero, de blanco y naranja, en la Feria del Libro, where books are loved.
Edito: Estoy haciendo la maleta. Finalmente no iré de blanco y naranja, creo. Haré caso al consejo de Miguel Labordeta: iré... como me dé la gana.
Algunos detalles prácticos por si quieren acercarse: la charla-coloquio entre autores y lectores, en la que se debatirá sobre la situación de la LIJ, tendrá lugar en el Pabellón Banco Sabadell (antiguo Pabellón Carmen Martín Gaite) el viernes 1 de junio a las 18:00 horas. Entrada libre hasta completar aforo. El sábado 2 de junio estaré firmando de 12 a 14h en las casetas 295-296-297. Digo yo que no abulto tanto como para ocupar tres casetas, pero esa es la información que tengo. Me voy a recenar una vaca, para hacer valer mi espacio.
Fe de errores: Perdón, en un principio senté en la mesa a Enrique Páez en lugar de a Jorge María Juárez. Pero quien estará finalmente será el misterioso autor de La misteriosa fragua de Vulcano.
Elegí escribir entre otras cosas porque vivo en diferido; soy lenta, tardo en procesar lo que me cuentan, en dar con la respuesta, necesito mi tiempo. Entre otras cosas porque soy tímida, soy más de escribir que de abrazar. Entre otras cosas porque (ya lo dije pero lo repito para que no sigan dando tumbos por este blog) tengo una discapacidad: en persona no valgo nada, yo solo sé ser por escrito.
Sin embargo, este fin de semana voy a la Feria del Libro de Madrid. El viernes estoy en una charla-coloquio nada menos que en la pre-quedada de la Blogger Lit Con, y el sábado por la mañana firmo en la caseta de SM.
Comprenderán que esté acongojada, o algún casi-anagrama similar. Leo el entusiasmo de los blogueros y blogueras ante la quedada y me amilano. Lo que en verdad desearía es ser una de ellas, estar entre el público, vivir ese encuentro con la excitación loca y la irresponsabilidad de no tener que tomar apuntes. ¡Eh! ¡Yo también soy bloguera!
No cuela, ¿verdad?
Por suerte no estoy sola. En la charla-coloquio estarán Maite Carranza, Jorge Gómez Soto, Jorge María Juárez y Pedro Riera, y nos moderará Bella, de Soñadores de libros.
Pero leo que Pedro Riera dijo en una entrevista: "Cuando me preguntan qué es lo que más me gusta y lo que menos me gusta de ser escritor respondo lo mismo a ambas preguntas: las presentaciones y las charlas. Detesto hablar en público, pero al mismo tiempo, sólo tienes contacto con tus lectores en ese tipo de actos". Y Jorge Gómez Soto, cuando habla en su imprescindible blog de este evento, exclama: "¡Y yo con estos pelos!". Sumen a eso mi discapacidad.
Va a ser un desastre.
No pueden perdérselo.
Les espero, de blanco y naranja, en la Feria del Libro, where books are loved.
Edito: Estoy haciendo la maleta. Finalmente no iré de blanco y naranja, creo. Haré caso al consejo de Miguel Labordeta: iré... como me dé la gana.
Algunos detalles prácticos por si quieren acercarse: la charla-coloquio entre autores y lectores, en la que se debatirá sobre la situación de la LIJ, tendrá lugar en el Pabellón Banco Sabadell (antiguo Pabellón Carmen Martín Gaite) el viernes 1 de junio a las 18:00 horas. Entrada libre hasta completar aforo. El sábado 2 de junio estaré firmando de 12 a 14h en las casetas 295-296-297. Digo yo que no abulto tanto como para ocupar tres casetas, pero esa es la información que tengo. Me voy a recenar una vaca, para hacer valer mi espacio.
Fe de errores: Perdón, en un principio senté en la mesa a Enrique Páez en lugar de a Jorge María Juárez. Pero quien estará finalmente será el misterioso autor de La misteriosa fragua de Vulcano.
lunes, 25 de abril de 2011
¿Abrazas o escribes?
¿Han leído lo que dice el posavasos de la imagen?
Miente.
Miente como un bellaco. "Pasamos desapercibidos. Justo como a nosotros nos gusta", dice. ¡Mentira!
Ese posavasos pasaba desapercibido hasta que le dio por escribir esas palabras. Porque esas palabras, como todas, están escritas para llamar la atención.
Yo creo que, en general, los que escribimos somos tímidos; necesitamos ese parapeto de papel, o de bits, entre nosotros y los demás. Otros abrazan. Pero nosotros, los escritores, escribimos. Escribir es nuestra manera intermediada de hacer que nos perciban. Nuestra tímida manera de estar con alguien (el lector). Tímida y osada a la vez, porque sabemos que cuando el lector se quede a solas con nuestras palabras, habrá entre nosotros una intimidad bochornosa, una intimidad que se nos haría intolerable en persona.
He leído varios escritores que decían que escribían para que se les quisiera. No sé quién fue el primero que lo dijo. Seguramente un escriba egipcio. Claro, ser querido es la manera más hermosa de ser percibido. ¿Y a mí que me parece que los escritores (ellos, los hombres) escriben más para que se les quiera y las escritoras (nosotras, las mujeres) escribimos más para querer? Digo así, en general. Así, indemostrable e irrefutablemente. Pero me voy, me voy.
A lo que iba. A veces, por ejemplo, en las firmas, no hay parapeto que valga, y lectores y escritores se ven las caras. Y al escritor le inunda la vergüenza, pero es una vergüenza chispeante, esa misma que precede a las cosas buenas. Y entonces se le acerca un lector y el escritor se da cuenta de algo con lo que no contaba: ¡el lector también siente vergüenza ante ese encuentro! Y al reconocerse ambos en su timidez se sienten como una pareja en su primera cita, un poco tontos, un poco felices. No se sabe entonces cuál de los dos está más abochornado. Bueno, sí, el más abochornado es el escritor que se queda solo, ese al que no se le acerca ningún lector, ese se muere de la vergüenza y de la pena mientras pone cara muy digna. (Alguno así vi en Sant Jordi. No le tiré ninguna piedra.)
Por eso, si me queréis, venirse. Andaré firmando, abochornada pero feliz, por aquí:
- miércoles 27 de abril de 18 a 19h en la FNAC Callao (Madrid)
- viernes 13 de mayo (y sin miedo, ¿eh?) a las 19h en la librería Nobel (Cortes de Aragón 24, Zaragoza)
- domingo 29 de mayo por la tarde. Feria del Libro de Madrid (caseta SM)
Ah, y si quieren a Ana Alcolea, vayan el jueves 28 de abril, a las 19h al museo Pablo Gargallo (Zaragoza). Ese día, vecino Nesquens y yo tenemos el honor de presentar su libro "La noche más oscura", VIII Premio Anaya. Si tengo tiempo, me encantaría dedicarle un post a ella solita. Pero lo apunto por si acaso...
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