No es que yo sea una salvaje. Me tengo más bien por una mujer sofisticada. Pero todo tiene un límite.Esto apareció ayer en el Heraldo. Hoy es lunes (o martes, o jueves, o cuando me lean). Dúchense. Pero hagan una auténtica salvajada. Denle morcilla a la gran esdrújula domadora: desconecten el teléfono. Si tienen lo que hay que tener.
Empecé a sospecharlo el otro día, cuando nos juntamos varios amigos para subir una montaña.
Al llegar al punto de encuentro, consultamos en un termómetro la temperatura y en un altímetro la altitud. Vestidos con nuestras ropas técnicas decatlónicas echamos a andar.
Poco antes de alcanzar un bosque, mi hijo vio un conejo y salió corriendo tras él gritando: “¡Soy Alicia!”. Reconozco que me costó entenderlo. Eso de ver en un macizo pirenaico a un personaje literario de la campiña inglesa, es de una sofisticación cultural muy superior a la mía. Y seguimos andando.
Paramos a mitad de camino para hacer fotos panorámicas con las cámaras fotográficas de nuestros iPhones y tomar nuestras barritas energéticas ultravitamínicas.
Y seguimos subiendo. Encontramos un buitre muerto. Mi hermana se lanzó a desplumarlo. “¡Qué plumas! ¡Son fantásticas para un tocado!”. Un amigo la detuvo: “¡Quieta! Hay que llamar al 112”. Y llamó: “Hemos encontrado un buitre muerto. Probablemente envenenado”. Mi hijo lee Alicia en el país de las maravillas pero este chico ve CSI. O Se ha escrito un crimen.
Tras una cuestarrón que solo admitía como música de fondo el clinc de nuestros bastones contra las rocas, llegamos a un camino más suave que hacía posible la conversación. ¿El tema? Las infinitas combinaciones de tónica y ginebra. Inspiración on the rocks.
Cuando llegamos a la cima, ya me temía lo peor. Estaba esperando a que sacaran de una bolsa térmica una bandeja de sushi y sashimi cuando sucedió el milagro. Uno sacó una navajita suiza, otro una bota de vino, y otro pan y longaniza. Otro se tiró un pedo.
Estamos salvados.
Sí, el salvajismo conduce al caos. Pero la sofisticación, que nos libra de la barbarie, nos lleva derechitos a la tontería. Y tonterías, las justas.
Es domingo. No se duchen. Rujan. Hagan algo salvaje. Déjense de esdrújulas por hoy.
(Me dice mi padre que si es necesario lo del pedo. Sí, papá, absolutamente. Me dice que si no pongo algo poético, algo sobre “las soberbias vistas”. Papá, eso no es poético; es de folleto turístico. Pero te diré que allá arriba, en la montaña, me siento atravesada por lo salvaje. Gracias por descubrírmela.)
(Me dice la jefa que no vale mandar recados en las columnas, que es tan ridículo como “aprovecho para saludar a mi tía que me estará escuchando”. Pues quito las gracias a mi padre y termino diciendo:) Déjense atravesar por lo salvaje. Suban una montaña.
La imagen es una fotito que me hizo David Lachapelle en medio del bosque, así, sin peinar, a lo salvaje.






