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sábado, 3 de diciembre de 2016

Carta de Rajoy a una niña lectora

Querida Elena:
Me han contado que te encanta leer, y que te interesan especialmente las biografías de presidentes como yo.
Como ávida lectora que eres, ya sabrás que los libros son ventanas a muchos mundos, tanto reales como imaginarios, y que los beneficios ¡y el placer! que depara la lectura es algo que dura para toda la vida. La gente que lee libros no solo experimenta su propia vida sino también los sentimientos, aventuras y sabiduría de muchas otras personas.
Me hace especialmente feliz saber que te interesa la política y las historias de los presidentes. Todos los presidentes sobre los que has leído han intentado, cada uno a su manera, mejorar el mundo. Espero que tú, y también todos tus amigos, mantengáis la fe en el poder que tenemos todos y cada uno de nosotros de cambiar las cosas y, trabajando juntos, hacer un mundo mejor, más justo y sostenible.
Hace tiempo organizamos unas jornadas para jóvenes cuyo lema era "no seas la diana, sé la flecha".
Tú estás siendo una flecha estupenda.
Salutacions cordials,
Mariano Rajoy 
¿Se lo imaginan? Pues esta carta es real. Solo que no la firma el presidente de España, sino el de Irlanda, Michael D. Higgins, claro que este, además de presidente, también es poeta.
La carta, tal como la han leído, salvo con alguna pequeña licencia en la adaptación (sí, sé que traducir la despedida en gaélico por una despedida en catalán es muy controvertido), no llegó al buzón de Elena / Kathryn. Y esa es la mejor parte de este asunto.
La carta, un poco resumida, se leyó ayer en medio, no al final, del programa más visto del año en la televisión irlandesa, el Late Late Toy Show. Qué es el Late Late Toy Show es algo difícil de explicar porque es tan intrínsecamente irlandés que cualquier aproximación se quedaría en palabrería antropológica. Digamos que es aquello que marca el comienzo de la Navidad en Irlanda. El viernes que se emite, a finales de noviembre o principios de diciembre desde 1975, toda la familia se reúne en torno a la televisión y se forra a Tayto's y chocolatinas. El Late Late Toy Show es, todo en uno, el "Vuelve a casa, vuelve", el Gordo, Raphael cantando el Tamborilero, el belén, el abuelo mandando callar para escuchar el mensaje del rey, los cuencos con las uvas de Nochevieja, la capa de Ramón García y la carrera tempranera del 6 de enero para descubrir los regalos. Tú le dices a un irlandés fuera de su país Late Late Toy Show y le sonríe la boca y se le arrasan los ojos.
Desde 2009 lo presenta Ryan Tubridy, que es como el Jorge Javier Vázquez irlandés, por popularidad y sueldo, digo, porque Tubridy no tiene, que se vea, dioptrías ni pluma y seguramente le escandalizaría la comparación. Bueno, sí, quizá Ryan Tubridy es el Pablo Motos irlandés. Oh, sí.
El programa, dirigido a toda la familia, es prácticamente un catálogo vivo de juguetes. Niños y niñas de los distintos condados irlandeses, con sus distintos acentos, con bailarinas y con botas de granjero, cantan, bailan y sobre todo, muestran los juguetes que les han gustado (o no).
Pues ahí, en medio de ese jolgorio, en ese programa donde insertar un anuncio es casi el doble de caro que ponerlo en la final de la Champions, ahí apareció una sección entera dedicada a libros infantiles. Tubridy mostró y recomendó varios buenos libros y luego, dos niños y dos niñas recomendaron los libros que más les habían gustado. A cambio, cada uno recibió un regalo (¡uno de ellos una primera edición firmada de Harry Potter and the Philosopher's Stone!). La niña que recomendó un libro de Robin Stevens, el último de David Wailliams y otro de la nunca bien ponderada Jacqueline Wilson, la que era de Lucan y decía que sus padres le compraban muchos libros pero que también sacaba de la biblioteca, esa fue la que recibió la carta del presidente.
Mientras el #LateLateToyShow era trending topic en tuiter, un grupo de expertos en literatura infantil ofrecía bajo ese hashtag y el de #bookelves recomendaciones de libros para llenar las sacas de Papa Noel. (Sí, soy consciente de que mi abuela no entendería ni jota de toda la frase anterior. Disculpen los anglicismos.)
A España nos llega la Guinness, Jameson, Smurfit, Primark... ¿No querríamos importar algo de esto?

Si quieren ver el Late Late Toy Show lo tienen (espero que disponible en su zona geográfica) aquí. La sección de libros empieza a partir del 1:12.

En la imagen: familia media irlandesa viendo el Late Late Toy Show. Ah, no, espera, que igual la foto la hicieron en lo que ellos laman verano, que van muy frescos.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Libros en televisión

Estrenó la Milá Convénzeme, un programa de televisión sobre libros donde quienes tienen la palabra son los lectores porque, según dice la Milá, bastante se ha oído ya a editores, escritores y críticos.
He visto el programa, claro. Me interesa, sí. Me interesa el fomento de la lectura; un programa así en principio podría servir para eso. En este programa, la lectura no parece tan alejada de la vida y las historias de los libros se entrelazan con las de los lectores (la hermana lesbiana, la enferma en el hospital, la mudanza...). Aún no sé si es ese es su mayor defecto o su mayor virtud. Lo que tengo claro es que me interesa y que seguiré viéndolo. Por eso me deja de piedra lo que leo en este artículo sobre el programa:
"a juzgar por la breve pesquisa, al menos en lo que al sector editorial y del periodismo cultural respecta, nadie se ha dignado a verlo. "No soy muy de esa señora", han dicho algunos. Al menos una docena de los consultados –escritores, editores y periodistas- dijo ni haberse planteado tal cosa como ver el programa."
Dice el artículo: "Entre el esnobismo que Milá atribuye a los que se dedican profesionalmente a escribir, editar y analizar libros y la ñoñez, previsibilidad y pobreza de su propuesta queda entremedias, una vez más, la ocasión perdida." ¿Ocasión perdida? Ocasión perdida es salir a ver la superluna y que esté nublado, que es lo que me acaba de pasar.
Que sí, que desde luego que el programa podría ser mejor, pero el artículo me parece en sí mismo una prueba más de ese esnobismo que parece intentar negar porque ¿cómo puede ser uno escritor o editor y no interesarse por la opinión de los lectores?
Vale, sí, muchas de las opiniones están escasamente argumentadas. De acuerdo, la mayoría de los lectores que opinan en Convénzeme no tienen un gran bagaje de lecturas. Pero es que se trata precisamente de eso, y basta con oírlos esos minutos para que el espectador sepa si, estando ante la monja, la estafada por el libro de autoayuda, el de Guerra y paz o la propia Milá, les invitaría a tomar un café o se pondría los cascos; si se dejaría convencer o, por el contrario, daría por bueno el libro que ellos dan por malo y viceversa. No son críticos ni lo pretenden. Pero son lectores. Se supone que escribimos para ellos, editamos para ellos.
Qué quieren que les diga, como autora me parece un lujazo tener una ventana desde la que poder ver a los lectores así, sin apenas filtro, como sucede con los booktubers o con plataformas como goodreads. Ya veré yo luego si les hago caso o no.
A mayor abundamiento, me encantaba la ventana que abría sobre la literatura infantil Página 2 con su sección protagonizada por niños. Por ahí discurrían también títulos "sin ningún orden ni criterio", desde best-sellers hasta libros descatalogados, elegidos por los propios niños, que hablaban como les daba la gana sobre ellos. En esta última temporada, Página 2, que por lo demás me parece un programa ejemplar, dedica menos espacio a la literatura infantil y en él supuestos niños recomiendan novedades, solo que ahora da la impresión de estar completamente guionizado y por alguien no demasiado familiarizado con el lenguaje infantil, por cierto.
En fin, que me gusta que exista Convénzeme, que me gustaba el caos de aquellos niños en Página 2.
Bah, igual es solo que me gusta cotillear. O que me merezco que me lea cualquiera.

Edito y añado estas palabras de Lorca que acabo de releer en este fantástico artículo y que vienen tan a propósito:
“Y ¡lectores!, ¡muchos lectores! Yo sé que todos no tienen igual inteligencia, como no tienen la misma cara; que hay inteligencias magníficas y que hay inteligencias pobrísimas, como hay caras feas y caras bellas, pero cada uno sacará del libro lo que pueda, que siempre le será provechoso”.
Pues eso, ¡lectores!, ¡muchos lectores!, ¡en televisión, en el vecindario, en Andalucía y en Nueva York!

En la imagen, de Annie Leibovitz, escritora preguntándose: "¿Qué? ¿Ya ha terminado la cosa esa de Convénzeme?"