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martes, 1 de abril de 2014

Desierto

Conocí a una mujer que viajaba por los desiertos. Iba a China, Egipto, Chile, la India... Daba igual el continente. Lo que ella quería era verse inmersa en ese abismo de la soledad.
Puedo entender aquella fascinación. Un desierto debe de ser un lugar fuera del mundo, al menos del mundo que solemos habitar. En un lugar donde no puedes ir de aquí para allá porque el aquí y el allá son prácticamente iguales, en un lugar donde no puedes ni comprar un souvenir, no te queda otra que mirar y reflexionar.
Pero lo que define a un desierto, por encima de la ausencia de tiendas de recuerdos y la arena (el de Atacama es de piedra), son sus condiciones extremas de vida. En un desierto lo fácil es morir, ya sea de sed o por la picadura de un escorpión. En un desierto apenas viven cuatro cactus, una palmera y dos jerbos, y un escorpión.
¿Que qué opino de que el premio Gran Angular, el premio de novela juvenil mejor dotado económicamente, el premio que gané hace tres años, haya quedado desierto este año? Pues eso mismo. En el plano teórico, me resulta interesante, fascinante incluso. En el plano práctico, desolador.
Donde pone sed, únase el hambre; donde dice picadura de escorpión, piénsese en la picadura letal en la autoestima de todos los que se presentaron.

La imagen, tan obvia (perdonen, las prisas), es de Salgado.

jueves, 30 de junio de 2011

"No hacen falta más que tres minutos"

¡Oh, no! Acabo de repasar mis nudillos y he comprobado que junio tiene solo 30 días. Eso significa que si quiero que haya cuatro entradas este mes (qué menos que un miserable promedio de una a la semana), tendría que escribir algo ¡ya! Menos mal que hoy he descubierto algo digno de colgar en este blog, algo que lo hace volver a sus orígenes, o sea, algo relacionado con el premio (¿cómo que qué premio?) y la princesa (¿cómo que qué princesa?). Y es que hoy, SM ha tenido la gentileza de colgar el discurso que hizo la princesa Letizia en la entrega de los premios SM 2011.
Se me han vuelto a poner los pelos de punta al oírlo, y los ojos llenos de lagrimillas. Bah, será el aire acondicionado. O alguna alergia. Cómo me voy a emocionar yo por una cosa así, si a mí los premios y las princesas me resbalan.

viernes, 25 de marzo de 2011

Mi vecino

(c) Sergio Cuesta

Hoy quiero hablar de mi vecino de premio. El premio El Barco de Vapor, el señor Nesquens, el Dani, mi amigo. Recibir mi premio junto a él, ha sido una carambola de esas que te hace seguir creyendo en Dios, en el billar y en la vida. Dice el Dani en el Heraldo de Aragón (o dice Antón Castro que dice:) "El vecino podría ser una metáfora. A todos nos gusta imaginar, fantasear sobre otras vidas. Y más si esas vidas están pegadas a las nuestras."
La vida del señor Nesquens está pegada a la mía; es vecino mío, como quien dice. O metáfora mía. Sé más secretos del Dani de los que a él le gustaría pero menos de los que yo querría saber. Pero, por si no había quedado claro, soy la Agustina de Aragón de la intimidad. Y no pienso revelar ni uno.
Solo diré dos cosas:
1. Creo que nunca estaré más cerca de un genio que cuando tomo patatas bravas con él en el Montesol.
2. Ya estás tardando en hacerte fan suyo. Sí, tiene club de fans. Es secreto, como no podía ser de otro modo.
PD: Algún día dejaré de hablar del premio. Pero dejadme un poquito más, porfi...