lunes, 17 de abril de 2017

Encuentros

Empiezo por el final: estaré firmando en la Feria del Libro de Alcalá de Henares el 22 de abril por la mañana (y un poquito de la tarde) y el Día del Libro, 23 de abril, en Zaragoza, mañana (librería París) y tarde (librería Central).
Y ahora el principio:
Hace unas semanas les contaba nuestro encuentro fortuito y mágico con una poeta inadvertida (lo pueden leer aquí).
El pasado lunes mi hijo y yo fuimos a hacer un último recado antes de coger el vuelo de Dublín a Barcelona. Anduvimos hasta el Tesco más cercano para comprar el cacao soluble de Cadbury (sí, E., te lo he traído). Y allí, en la puerta del Tesco, estaba ella, la poeta. Ni nos dimos cuenta hasta que se dirigió a nosotros. Iba sin perrito, sin abrigo rojo. Llevaba una camisa azul clara desabotonada y se le entreveía la camiseta interior blanca. Solo la reconocimos cuando nos dijo exactamente las mismas palabras de aquel primer encuentro. "¿Es usted la madre de este niño?". Incluso cuando le preguntó a mi hijo su edad, como la otra vez, se equivocó en el mismo número de años al aventurarla. (Le dio tres años menos de los que tiene, que para un niño debe de ser tan ofensivo como que a mí me echen diez más.) Y nos recitó un poema, exactamente el mismo que la otra vez.
Cuando la poeta acabó –el niño solo fingía sonreír–, se despidió exactamente con las mismas palabras: "Cuando vuelvas a verme, me dices: "Hola, Siobhán. Recítame un poema" o "No, Siobhán, ya estoy harto de tus poemas".
Le dimos las gracias y nos metimos en Tesco sin hablar.
A la altura de los plátanos mi hijo me miró con la cara de quien ha pillado in fraganti al ratoncito Pérez. "Creía que éramos especiales para ella", dijo. La poeta no nos había reconocido. Es más, la poeta había pasado de ser un personaje mágico a una pobre majareta. Le acabábamos de ver las costuras. Pensé entonces que yo tenía bastantes papeletas para acabar así en un futuro y me pregunté qué cuento o anecdotilla acabaría contando desnortada, una y otra vez, al primero que se me acercara.
Qué lástima este segundo encuentro.
Sí, hay veces en que es mejor no conocer demasiado a los artistas o los que dicen serlo. Y sin embargo, se montan festiverios para eso: ferias del libro, días del libro... Y allí estamos.
Prometo que si vienen a verme a Alcalá de Henares o a Zaragoza, yo intentaré que nuestro encuentro sea mágico. Eso sí, si se acercan a la caseta y no les reconozco o he olvidado sus nombres, no es que no sean especiales. Ustedes son especiales; es solo que yo tengo la cabeza a componer.
Pónganme a prueba. Me encantará verlos, o volverlos a ver, antes de regresar a la isla Esmeralda.

Imagen de Vivian Maier     

2 comentarios:

Mara Oliver dijo...

Bueno, es triste y a la vez sigue siendo genial que alguien haga magia así por el mundo, lo que ella no sabía es que vosotros también vais cargados de magia y atraéis este tipo de cosas más de lo normal. ¿Habrá una tercera vez con Siobhan?
Yo aquí tengo un par de libros que esperan tu autógrafo, pero nuestro encuentro va a tardar un poco más y no importa que cuando me veas no te acuerdes de la magia que hiciste conmigo porque la sigues haciendo y cuando voy por el pasillo y veo en la estantería cierto lomo, encuentro mi sonrisa perdida aunque sean las tres de la mañana y esté cabreada porque no me duermo ;)
Un abrazo infinito

La Oro dijo...

Oh, Mara. Cómo no me voy a acordar de ti. No tengo, que yo sepa, muchas lectoras con tan insólito recuento de dedos. A ver si puede ser en la Feria del Libro de Madrid. ¡Y duerme! (Ya, ya sé que más quisieras tú.) Besos.