martes, 19 de marzo de 2013

Londres Madrid Zaragoza

Hay voces que viajan, y hay quienes viajan en su búsqueda, como la señora Oswald. La viuda de Laurence Oswald cogía el bolso, el metro de Londres y las ganas de reencontrarse con su Laurence, y se iba hasta la estación de Embankment para escuchar aquella voz que ya no oía en la almohada, la misma voz que llevaba décadas advirtiendo a los viajeros: ojito con el hueco entre coche y andén. Ella se sentaba en un banco hasta que lo escuchaba. Aunque Laurence ya no estaba, su voz seguía diciéndole “mind the gap” -a ver dónde metes el pie, cordera-, y ella volvía a casa con pasitos cortos y con la esperanza de escucharlo al día siguiente.
En la línea 4 del metro de Madrid, sonaba la voz de uno de los personajes de Starsky y Hutch. “Próxima estación…”, decía Javier Dotú, el doblador de Starsky, “Esperanza”, completaba la locutora María Jesús Álvarez. Pero un día el Starsky español, que también es el Al Pacino español, y zaragozano por más señas, se encontró su voz en medio de una canción de Manu Chao, en un disco titulado precisamente Próxima estación: Esperanza. Dotú y Álvarez demandaron a Manu Chao por utilizar sin permiso sus voces grabadas en el metro, y la justicia les dio la razón. Quién sabe, igual dentro de unos años alguien se pone el Me gustas tú de Manu Chao para recordar a Al Pacino.
En el tranvía de Zaragoza, esta Ciudad Esmeralda nuestra, es fácil sentirse Dorothy cuando una voz anuncia la última parada, "El mago de Oz", y uno se encuentra en un lugar no tan verde en el que no hay más magia que la que tú quieras ver, como al final de la novela de Frank Baum. Porque resulta que ni la Ciudad Esmeralda era esmeralda ni el mago de Oz era mago. Es solo que la gente dio por hecho que lo era y él les siguió la corriente. Oz les ordenó construir la Ciudad Esmeralda y para que el nombre le fuera mejor, hizo que todo el mundo llevara gafas verdes. “Cuando llevas gafas verdes, está claro que todo lo que ves te parece de color verde”. Y eso se encuentran Dorothy y sus amigos cuando llegan a pedir al mago un billete de vuelta a Kansas, un cerebro, un corazón y valor: una ciudad que solo es verde con gafas verdes y un mago que es en realidad un farsante bienintencionado tras un biombo. A veces, tras los biombos, no hay seres terribles sino pobres hombrecillos que se dicen: “¿Cómo puedo evitar ser un farsante cuando toda esta gente me obliga a hacer cosas que todo el mundo sabe que son imposibles?”.
Si la gente creyó en Oz tanto tiempo fue porque algo tenía de mago. Era un mago de la voz. Oz era un ventrílocuo. Por todo esto, si el mago de Oz existiera, si me esperara al final del tranvía y pudiera concederme un deseo, lo tendría claro: le pediría una voz.

En la imagen, de William Klein, yo, currándome una voz un poco más ronca pero igualmente charmante.

Este texto apareció publicado en Heraldo el 17 de marzo de 2013. Yo habría preferido leérselo de viva voz.

3 comentarios:

Begoña R. dijo...

Querida Begoña:

Para creer en ti, tu propia voz es suficiente...

Un fuerte abrazo.

Mara Oliver dijo...

Precioso desde la cabecera al final del tren de palabras y, como todos los personajes del Mago de Oz, parece que vas a pedirle al Gran Mago algo que ya tenías (léase con la música adecuada de baldosas amarillas) BECAUSE BECAUSE BECAUSE BECAUSE... because of the wonderful things YOU WRITE ;) TU VOZ ES ÚNICA Y MARAVILLOSA.

Sergio del colegio silos dijo...

Hola Begoña
Esta mañana(16 de abril del 2013) has estado en el Instituto Santo Domingo de Silos.
Me llamo Sergio y la pregunta no se si te acuerdas mas o menos es :¿Cual e sla obra literaria que ma ste gusta? ¿Por que?.
QWeno a lo que voy es a que si por favor y me haria mucha ilusion podrias sacarme en tu proximo libro.
Te dejo mi email de contacto: sergio_silos@hotmail.es o bien s3r7io.silos@gmail.com.
Muchas gracias Sergio