Te has vendido al lado oscuro. ¡Qué pena!Y voy yo y hago lo que nunca debe hacerse: magnificar y seguramente malinterpretar el comentario, quizás hecho humorísticamente, y responder enrabietada, y aquí, para que se vea más. No tengo remedio. Allá va.
Querido/a anónimo/a:
La cosa es peor. Soy idiota. No me he vendido. Me he regalado. No cobro nada. No me refiero solo a la presentación del libro de Jordi Sierra i Fabra. Por esa presentación recibí el libro de Jordi y una invitación a cañas, jamón, queso, chopitos y croquetas. Nada más. Ni una pluma, ni un libro, ni una agenda. Tampoco lo pedí. Tengo mucho cariño a Jordi, y me pareció un honor estar a su lado en aquel homenaje.
Pero, como te decía, cuando digo “no cobro nada”, lo digo en sentido más amplio. Muchas, demasiadas, veces, escribo y no cobro. Lo único que hago es esforzarme por escribir lo mejor posible e intentar –supongo que ese es mi oscuro pecado- que me lea el mayor número de personas posible. Soy así de vanidosa y de insolidaria con la profesión. He terminado una novela de la que estoy orgullosísima. SM quiere publicarla. Aún no sé qué anticipo recibiré. Aún no he cobrado nada. Como ves, soy una pésima vendida. Tengo que llevar el coche al taller y no me atrevo. Entre Hacienda y la vida, se me está acabando el premio. Pero no quiero darte aún más pena.
Solo quería aclararte una cosa más. No me he pasado a ningún lado. Yo siempre he sido así. Lo confieso en mi página web, donde puedes leer:
Durante años trabajó como editora de las colecciones de narrativa juvenil Gran Angular y Alerta Roja. Este trabajo le permitió conocer de cerca y trabar amistad con los mejores escritores de literatura juvenil.De todas formas, por si a lo que te refieres es a lo de vender libros y eso, hace tiempo que confesé lo puta que soy. Te extraigo un fragmento por si vas con prisa:
Cuando decidió pasarse al otro lado –convencida de que ni el lado del editor ni el lado del autor son "el lado oscuro"–, empezó a escribir para niños. Pero siempre quiso encontrar el momento de escribir para jóvenes.
Pues claro que los editores [y los escritores, añado] quieren vender libros. Cuantos más, mejor. Y resulta ridículo y, no por ridículo, menos recurrente, escuchar a los autores quejarse de ello. Porque, claro, vende = malo; no vende = bueno, sobre todo si lo he escrito yo. ¿No queremos que los niños lean? ¿No podemos considerar, en algún momento, que vender más libros es una vía más de hacer lectores? ¿Qué hay de malo en emplear herramientas de marketing para hacer llegar lo que consideramos bueno? ¿Qué especie de ridícula pureza queremos mantener? Y usted dirá: “Con todo lo mala que es, mira que es ingenua esta mujer. O puta.” Pues será, pero yo creo que editores y autores, marketing y literatura, se pueden, y se deben, conciliar. Que unos y otros nos necesitamos y que deberíamos insultarnos mucho menos en público y discutir mucho más en privado, como los buenos matrimonios.Hoy me levanté discutidora. Ya perdonarás, anónimo. Seguiría discutiendo contigo en privado, y te invitaría a un café, pero no sé quién eres y tengo trabajo que hacer. Si crees que estoy en el lado oscuro, si crees que debo pasarme a algún otro lado, explícame por qué, por favor. Aún te pediré más, oh, anónimo, si crees que estoy en peligro… ¡SÁLVAME!
En la imagen, material para ¡Sálvame!: Jordi Sierra i Fabra y yo haciéndonos arrumacos en la puerta de un hotel.