lunes, 29 de septiembre de 2014

Roald Dahl, que estás en el cielo

No sé por qué apenas he colgado en este blog las colaboraciones que escribo para el Heraldo Escolar, una sección sobre literatura infantil y juvenil titulada "¿Todavía no lees? Eso es que no conoces a..." (pueden cotillearlas pinchando en la etiqueta Heraldo escolar). No sé por qué he pensado ahora en hacerlo. Las iré subiendo con una periodicidad estrictamente arbitraria, o sea, cuando me dé por ahí. No sé si sabré datar la fecha de su publicación. No guardo los recortes de Heraldo. Empiezo con la primera que escribí, dedicada, cómo no, a la Rocío Jurado de la LIJ: Roald Dahl, el más grande.
Durante algunas entradas, esto va a parecer un blog sobre LIJ con un doble destinatario: alumnos, en primera instancia, y profes. Pero no se fíen de las apariencias; este es el blog de la Oro, un blog ultrapersonal sin aspiraciones críticas ni catedráticas donde seguiré hablando de lo que me dé la realísima gana. Pero hoy, con todos ustedes...

¿TODAVÍA NO LEES? ESO ES QUE NO CONOCES A...
ROALD DAHL, EL NIÑO QUE PROBABA CHOCOLATE 
¿Sabías que…?
-De pequeño, Roald Dahl vivía cerca de una fábrica de chocolate. A veces, desde la fábrica, enviaban al colegio de Roald nuevos chocolates para que los niños los probaran. Años más tarde, Roald escribió Charlie y la fábrica de chocolate, que luego, como muchos de sus libros, se llevó al cine.
-Al principio, la vida de Roald Dahl se pareció más a la de un personaje de libro que a la de un escritor. Fue piloto de aviones y tuvo un accidente en el desierto, ¡igual que un personaje de El principito!
-El primer libro que escribió Roald Dahl se lo encargó Walt Disney y fue Los Gremlins (pregunta a tus padres o tu profe por ellos).
-Piensa en el peor adulto que conozcas, el más horrible… pues Roald Dahl se imaginó a uno aún peor. En sus historias siempre hay un personaje mayor malo malísimo. ¡Pero nunca gana!
-En Matilda, uno de los libros de Roald, una profesora pregunta a una niña: “¿Crees que todos los libros para niños deben tener pasajes cómicos?” y ella responde: “Sí. Los niños no son tan serios como las personas mayores y les gusta reírse.” Todos los libros de Roald Dahl tienen pasajes cómicos. Así que si un día te sientes algo chof, ¡coge un libro de Roald Dahl! Comprúebalo.
Estando una mañana haciendo el bobo
le entró un hambre espantosa al Señor Lobo,
así que, para echarse algo a la muela,
se fue corriendo a casa de la Abuela.
“¿Puedo pasar, Señora?”, preguntó.
La pobre anciana, al verlo, se asustó
pensando “¡Este me come de un bocado!”.
Y, claro, no se había equivocado:
se convirtió la Abuela en alimento
en menos tiempo del que aquí te cuento.
Lo malo es que era flaca y tan huesuda
que al Lobo no le fue de gran ayuda:
“Sigo teniendo un hambre aterradora...
¡Tendré que merendarme otra señora!” 
Este es el principio de uno de los Cuentos en verso para niños perversos. ¿Adivinas cuál?

En los escasos 1.700 caracteres con que cuento en esta sección, no me cupo decir que el fragmento citado es una fantástica traducción / versión de Miguel Azaola. Lo digo ahora.
¡Ah! Y no se pierdan la página oficial de Roald

En la imagen, de sus años mozos, Roald Dahl, mostrando a futuras generaciones de escritores cómo taparse la escasa o nula espesura capilar con una gorra, en el caso de Roald, con la gorra de plato del uniforme de la Royal Air Force.