En cualquier caso, yo era del bando de los buenos y pude demostrarlo leyendo un post que había publicado aquí donde se veía lo muy en cuenta que tengo a mi público ¡guapos! ¡guapos! ¡reguapos! ¡os quiero! ¡no podía soñar con un público mejor!
Pero reconozco que me gusta António Lobo Antunes, del que dice Sergio del Molino (y como yo no podría decirlo mejor, lo copio):
"António Lobo Antunes es un caso de escritor-límite. No se molesta nada en ponérselo fácil al lector, no tiene la menor consideración con él. Parece como si no le importase si le acompaña a la siguiente página o se detiene en las primeras diez, mareado y confundido. Él compone como le parece y es el lector quien decide si hace el esfuerzo de seguirle el ritmo. Como un jazzman en las últimas que toca con los ojos cerrados sin importarle si hay alguien escuchándole."He escrito una cosilla con los ojos cerrados. No sé qué tal quedó. A ratos pienso que es lo mejor que he escrito; a ratos pienso que es una mierda. Es para adultos. Con niños y jóvenes tengo más consideración, una especial consideración. Para mí que se la merecen.
Ahora quiero escribir otra cosa con los ojos abiertos. Para jóvenes quizá. Pensaré en ellos. Pero ¿en quién? ¿En mí cuando era (aún más) joven? ¿En esa categoría que describen los estudios sociológicos? ¿En Martín? ¿En Jorge? ¿En Nicolás? ¿En Sara? Porque cada uno es de su padre y de su madre, incluso en los casos -Martín, Jorge- en que su padre y su madre son los mismos. Y además hay mucho más Martín, mucho más Jorge, más Nicolás, más Sara, de lo que se ve. Lo sé -lo sabemos todos- porque no hay nadie -niño, adolescente, adulto- que vaya por el mundo, menos mal, mostrando todo su ser, ni siquiera Azarías. Para eso precisamente está la literatura, esa rendijilla que nos asoma a la parte oculta, ese rasguño en el cómodo barniz de la categoría que revela al individuo que se esconde detrás, ese ventilador que pone en evidencia la parte sobre la que se tambalea lo que aparentamos ser.
No crean que es fácil. Trabajar entre ventiladores tiene sus riesgos. Como te despistes, tú misma te enredas. Miren a Beyoncé.
Imagen de Horst P. Horst.






