miércoles, 2 de noviembre de 2016

A rastras

Arrastrar a un niño de diez, de once, de doce años a la presentación de un libro. Qué me van a contar a mí.
Porque sabemos que, sí, que está requetedemostrado, que hasta santa PISA lo dice: que someter (sí, la palabra es "someter") a un niño a eventos culturales, llevarlo a exposiciones, a ver películas, al teatro, a la biblioteca, a la librería... lo llevará derechito a Harvard, o a donde él quiera, por no mencionar la felicidad, la experiencia, la sabiduría que se llevará puesta por el camino. Pero de momento él no quiere ir a la presentación porque:
  • "va a ser un rollo" (dice, antes), 
  • "me aburro" (con suerte susurra, durante),
  • "te lo dije" (reprocha, después).
Claro que por suerte la cosa no siempre acaba así. A veces el niño sale encantado del teatro o de la librería, y no hay "me aburro". Hay incendios en los ojos, o risas, o cosas que pasan, muy privadas ellas, por dentro; cosas que no dan ni ganas de compartir después. No hay "te lo dije" ni tampoco "gracias", no nos pasemos, sino esa versión del agradecimiento que se da de hijos a padres: difusa, infusa, semifusa, o sea, inadmisible, secreta, fugaz.
Olvídense de Harvard. Ya solo por eso, por correr el riesgo de que pase algo secreto, ya merece la pena hacerlo. Porque hay que hacerlo. Hay que llevarlos, aunque sea a rastras. Y hacerse un escudo con los "Te lo dije". (Yo tengo uno precioso.)
Quiero que este viernes traigan a sus hijos, a sus nietas, a sus sobrinos y sobrinas a la Casa del Libro de Zaragoza, a la presentación de Misterios a domicilio, mi nuevo libro. Sí, a esos que tienen entre 9 y 12 años. Sé que muchos llegarán a rastras. Pero les ofrezco una carta de descargo. Me comprometo a recibir personalmente sus "te lo dije", que me lo digan a mí si es que tienen algo que reprochar a la salida de la presentación. Ya verán cómo no. Cómo van a aburrirse con la que está montando Pepe Trívez.

En la imagen: niños esperando ya que empiece la presentación. ¿Que qué presentación? ¡Esta!