sábado, 25 de octubre de 2014

Saltar al ruedo

Ahí me tienen retratada, en la biblioteca Cubit, ayer mismo, viendo los toros desde la barrera. Había ido a la kick-off de Nanowrimo; dicho en cristiano, al arranque del programa internacional de escritura que consiste en escribir una novela de 50.000 palabras en un mes, el de noviembre. Bueno, eso es dicho en cristiano sin alma. Lo del Nanowrimo es un proyecto alucinante que ha ido ganando adeptos año tras año, como el running. En el Nanowrimo de este año ya van por 400.000 inscritos. Como dicen en su página:
Debido al tiempo limitado para escribir, lo ÚNICO que importa en NaNoWriMo es la producción. Es cantidad sobre calidad. Este enfoque suicida te obliga a bajar tus expectativas, tomar riesgos y a escribir sobre la marcha. No te engañes: vas a escribir mucha basura y eso es algo positivo. Al obligarte a escribir tan intensamente te permites cometer errores. Te permites olvidarte de hacer interminables ajustes y ediciones, y sólo crear. Te permites construir sin derribar.
La cara que pongo en la foto es la que se me quedó al oír eso. Jorge Gonzalvo en la presentación dijo algo así como que tenías que desactivar tu corrector interior. Y yo, que escribo, corrijo, corrijo, escribo, corrijo, corrijo, corrijo, pensé: "¡OLÉ!".
Jorge, que debía de estar viendo la carita que ponía, dijo al final, delante de todo el público, algo así como:
—¿Por qué no te animas a hacerlo, Begoña? Serías la única autora consagrada, al menos en España, que lo ha hecho.
Ante lo que yo dije "¡¡SÍ!!" y luego pensé:
1. ¿Es "consagrada" una forma de decir "vieja con algún premio"? ¡Jorge Gonzalvo, es usted más viejo que yo!
2. Por algo será que ningún autor "consagrado" lo ha hecho.
Pero las razones que se me ocurren para no hacerlo no terminan de apagar el brillo de la meta, esa novela ya escrita de 50.000 palabras, aunque brillar, brilla poco, porque está sin pulir. Es un montón enorme de basura, pero me juego mi largo cuello a que entre ese montón de basura, habría muchas cosas de valor.
Otra de las cosas que dijeron en la presentación es que Nanowrimo es una comunidad. Hay hasta un hombre en una base de la Antártida apuntado al Nanowrimo. Un hombre en la soledad más absoluta escribiendo para no sentirse solo; el mundo al revés, vaya. Pero es que Nanowrimo te une a gente tan loca como tú, y luego hay foros donde llorar juntos y darse palmaditas... Para mí que esto es un poco como el camino de Santiago o la maratón de Nueva York, algo en lo que te embarcas sabiendo que lo vas a pasar regular tirando a mal, algo en lo que no estás solo del todo, algo que necesariamente te pone en forma, algo que tira de ti y te hace mejor, algo en lo que solo está comprometido tu propio orgullo (nadie lee al final tu novela), pero que, si logras terminar, te da un subidón que vale por cien chutes de heroína.
Anden, bajen conmigo al ruedo. No estarán solos. Somos un montón de espontáneos dispuestos a lidiar a esos enormes toros de la pereza y la distracción. Apúntense. Que ya sé que están muy liados. Yo también. Tengo muchas otras cosas que escribir y con unos plazos terribles, y un hijo, y... Además, será la única forma de vernos durante el mes de noviembre. A partir del día 1, desaparezco de los bancos del parque, de las calles, del blog, de tuiter, del wasap ("desconectarse de internet" y "esconder el móvil" son los primeros consejos que te dan)... Se admiten jóvenes a partir de 13 años, jubilados, autores consagrados, sinsagrados, desangrados, personas humanas dispuestas a superarse... Cambien el running por la escritura. Aunque sea por un mes.
 #tuhistoriaimporta
(Eso de #tuhistoriaimporta es el lema de Nanowrimo. Aquí, en este blog, que ustedamos al personal, se diría #suhistoriadeustedimporta.)

Imagen de Henri Cartier-Bresson