miércoles, 28 de agosto de 2013

Nuevas maneras de matar a tu suegra

Publico otra de las columnas veraniegas. En Heraldo me entrecomillaron lo de "matar". No entiendo por qué. ¿Les parece a ustedes que hablo con ironía?

Me pilla mi hijo con un nuevo libro y fisgonea el título. “¡Quieres matar a la abuela!”, grita horrorizado. Lo que leo es Nuevas maneras de matar a tu madre, de Colm Tóibín, y lo peor no es que mi hijo no descarte mi plan parricida; lo peor es que, pasado el primer susto, suelta El doctor Proctor y los polvos tirapedos, me quita mi libro y se pone a leerlo con fruición.
No tarda en abandonarlo decepcionado. “No entiendo nada”, dice. En realidad, en el ensayo de Tóibín no iba a encontrar una sola idea para liquidarme y sí un montón de lecciones de literatura, pero convendrán conmigo que Nuevas maneras de matar a tu madre llama mucho más que Relaciones familiares de una panda de escritores y cómo estas lastraron (o inspiraron) su obra. Es como el título de esta columna. No me negarán que empezaron a leerla con ciertas expectativas, ya fueran asesinas o de supervivencia (y las suegras que leen son las más peligrosas).
Quédense conmigo unas líneas, pero no esperen que les diga cómo aniquilar a su suegra. Además, seguro que ideas no les faltan. Espero que cobardía y paciencia tampoco. Como mucho, les podría recomendar que busquen y vean El encantador de suegras, ese cruce oregonés entre Supernanny y El encantador de perros, para echar unas risas más que nada, porque, en realidad, no hay adiestrador que valga: las suegras son indomeñables. Son cimarrones, animales que en su día fueron domésticos pero que se volvieron salvajes en cuanto vieron deslizar un anillo por el dedo anular de su cachorro.
Así que paciencia o, en su defecto, tierra de por medio. Pero tierra en apaisado, no tierra a paladas hasta completar dos metros de profundidad. No merece la pena. Y a saber qué compañías encontrarían en la cárcel.

En la imagen, de Fernando Sancho, suegra pensando: "¡Ay, este hijo mío! ¿Qué le habrá visto a esa?".

4 comentarios:

Rusta dijo...

Sí que son buenos títulos, sí. El de la suegra sería fantástico para un libro de humor :).

Begoña R. dijo...

"¡Ay, esta suegra! ¿Qué no habrá logrado ver?" ;)

Ha sido fantástico recordar "Las mujeres que leen son peligrosas". ¡Gracias, Begoña!

Abrazos.

Isa Romero Cortijo dijo...

Desde luego, los títulos son realmente llamativos, al igual que el de esta entrada. Pero cabe decir que su contenido no decepciona. Aunque no hayamos averiguado cómo aniquilar a la suegra (¡ni falta que hace!), yo al menos he disfrutado de unas ricas líneas.

Un abrazo,
Isa Romero Cortijo

Anónimo dijo...

¡ Vaya!

Como la suegra de la foto me miró a mí la mía cuando me vio aparecer de la mano de su hija. Han pasado años, muchos, de aquello, y aún lo recuerdo como si hubiese sido hace un rato.
Pobesilla mi suegra, con las
" albondiguillas" tan ricas que ella hace.
No, croquetas no, "albondiguillas"

seh!
Un beso.

A.G.