lunes, 5 de diciembre de 2011

Pelos en las orejas

Ahora que se nos ha ido el moreno, ese barniz que nos hace parecer más felices y más guapos, llega esta cruda luz invernal a iluminar nuestras miserias: las legañas, las arrugas, las ojeras, los pelos en las orejas…
Imaginen que tienen pelos en la orejas y nadie se lo advierte con delicadeza, nadie le recorta esos pelos con mimo. “Quienes tienen pelos en las orejas son personas que no tienen quien las quiera.” Me lo dijo mi prima, y desde que lo hizo no puedo evitar que me arrase la melancolía cada vez que veo a un abuelo (suelen ser abuelos) luciendo escobillas en las orejas. (Igual los jóvenes también tienen pelos en las orejas; igual por eso se las tapan con auriculares.) Ganas me dan de llevar unas tijeritas en el bolso e ir cortando pelos. Yo soy muy de querer.
Debería ser esta luz misericordiosa, la del querer, la que matizara nuestra visión de las imperfecciones familiares. Olvídense del ácido hialurónico y del colágeno hidrolizado. Confíen en la cosmética del amor, y aplíquenla sobre las arrugas, ojeras y demás de quienes ahora mismo comparten su mesa del desayuno. Al fin y al cabo, no son tantas las legañas que nos es dado ver en la vida, y lo peor que nos puede pasar es que las únicas legañas que veamos sean las nuestras en el espejo, o en nuestro reflejo en el ordenador, en ese breve limbo entre el apagado y el encendido que nos enfrenta por un instante a nosotros mismos antes de ser condenados a una vida virtual. Lo advierto: ahora que nuestros amigos son virtuales, nuestras sonrisas, paréntesis, y nuestros besos, más cortos, apenas “bs”, como nos descuidemos, acabaremos barriendo el suelo con los pelos de las orejas.
Por eso, ahora que hace frío, busquen y emanen calor. Lleven una vida imperfecta y real. Miren esas legañas con cariño. Honren esas arrugas, porque igual están ahí por su causa. Déjense cortar los pelos de las orejas. “Desvirtualicen”, que es como se dice cuando por fin se conoce en persona a quien hasta entonces solo se había leído.
Si quieren desvirtualizarme a mí, les espero hoy, vendiendo, en la plaza de Los Sitios de Zaragoza, en el mercadillo contra el cáncer. Vengan. Será bonito. Sentirán el calor que da practicar otra forma de querer. Se llevarán un libro, o una vela, o una bola; y yo, una alegría. Llevaré una bufanda roja. Si me ven, tóquense la oreja. Será nuestra señal. Será como decir: “Te leí”. Yo les sacaré la lengua. Será mi forma de decir: “Gracias”. Y además comprobarán, si no lo han hecho ya, que no tengo pelos. En la lengua.

Esta columna apareció publicada ayer en el Heraldo. Fue bonito, bonito de verdad. Y emocionante. Al mercadillo vino gente conocida y desconocida que se tocó la oreja. Yo les saqué la lengua. Creo que también saqué la lengua a una señora a la que le picaba la oreja, porque me miró muy raro. Pero además pasó una cosa...
Una pareja se paró a cierta distancia de mi caseta. La señora, que se tapaba las orejas con un sombrero, se llevó la mano hacia la oreja y yo le saqué la lengua sonriendo. Entonces ella se acercó y a mí se me congeló la sonrisa al oír sus primeras palabras: "Somos los padres de Félix Romeo". Lo siguiente fueron lágrimas.
Las líneas con las que emborrono el Heraldo un domingo sí y uno no aparecen donde antes estaba la columna de Félix Romeo. Esa mujer no tendría que haber leído mi columna, no tendría que haberse tocado una oreja; ese domingo tendría que haber leído lo que escribía su hijo, y sentir el calor que emanaba su hijo.
Solo supe darle un beso. Qué piel tan suave tiene la madre de Félix Romeo. Fue triste, pero también fue bonito. Me gustó mucho que vinieran. Siempre me faltan las palabras cuando quiero dar las gracias.
Y todo esto me lleva de nuevo aquí.
No pienso quitarme la bufanda roja hasta el 11 de diciembre por la noche. Sigo esperándoles.

En la imagen, pelos en una oreja. Bueno, niños en una biblioteca como si lo fueran (Bibliothèque d'enfants de Martine Franck).

11 comentarios:

Mai dijo...

Mi padre y mi abuelo nunca llevan pelos en las orejas (tampoco en la nariz)

Dicho esto, las palabras nunca alcanzan para dar las gracias. A veces creo que esa palabra «gracias» viene de otro planeta y por eso, o no sabemos pronunciarla o, cuando queremos hacerlo, queremos hacerlo tan bien... que nos quedamos sin letras para formarla.
Rayada mía, ya ves.

PD. ¿Has visto Wall-e? Hay un mensaje interior que dice lo mismo que tú. «Desvirtualicen»... Me gusta

Mara Oliver dijo...

Iría hasta Zaragoza a recorrer el mercadilo, gastarme los cuartos y tocarme la oreja, si pudiera.
Qué post tan bonito,no pensé que una elegía pudiera desmarcarse con pelos en las orejas pero la vida es así, absurda y cómica y a veces, en mañanas como ésta que me enseñas a sentir la pérdida de una de las personas más buenas del mundo, jodidamente triste.
Si me sacas la lengua te mando un beso, el abrazo te lo mando ya que no estamos para escatimar en estos tiempos y yo también soy de las que aman :)

C. (@el_croni) dijo...

Si viviese en Zaragoza, iba de cabeza. Con la señorita Ladynere y usted por (tan buenas) embajadoras, imposible negarse :)

Laura Catalán dijo...

Nunca imaginé que me conmovería tanto al oír hablar de pelos en las orejas. Gracias.

Aloe dijo...

toco mi oreja desde Sevilla, me ha gustado mucho lo de que ahora los besos se reducen a bs y las sonrisas a paréntesis. Todo aséptico. Triste pero cierto.

Lamardestrellas dijo...

Me has emocionado, de verdad.

Javier dijo...

Mi querida Gran Duquesa,
Hacía siglos que no os leía (y milenios que no os escribía), pero esta mañana vi a nuestra común amiga en aquella apartada orilla del páramo madrileño y me propuse recuperar nuestra correspondencia. No sabía de vuestras heraldadas dominicales, ¡sois una especie de Carrie Bradshaw cesaraugustana! ¿Cómo se llama la columna? Por lo que aquí leo podría ser algo así como “Love by the Ebro”. ¡Enhorabuena, me ha gustado veramente!
¿Os dejaréis ver por la villa y corte? Mi monótona vida me impide desplazarme a vuestro mercadillo. Pero si no venís, al menos escribidme…
Recibid mis besos (electrónicos) y parabienes (virtuales),
Monsieur de R.

david mazagatos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
david mazagatos dijo...

Como siempre el libro de este año me ha encantado y ya son muchos, el señor corbes, mi familia, mi vecino de abajo... pero no menos que este último post! es muy bonito y entrañable, para mi los pelos de las orejas no serán nunca volverán a ser lo mismo!
seguiré cotilleando este gran blog con estas maravillosas historias!
:)

La Oro dijo...

Mai, desde ese planeta... gracias, por este y por todos tus comentarios. Veré Wall-E.
Mara, muchas gracias. Te saco la lengua y te mando un abrazo. Se nota que eres de las que amas, porque emanas calor hasta virtualmente.
Cronista, se lo agradezco como si hubiera venido. De corazón.
Laura, Aloe, Lamardestrellas... Lo muestro tarde y mal, pero a mí sí que me emocionan vuestros comentarios.
Monsieur de R.!!! Quel honneur, quel plaisir!! Aunque sé que no es su monótona vida sino su molicie la que le impide acercarse a visitarme, se lo perdono. Iré a visitarle, no lo dude. Entretanto, me encantaría que siguiera honrándome con sus visitas virtuales y deleitándonos con sus impagables comentarios. Se despide con afecto y nostalgia, su segura servidora Carrie-Pilar Bradshaw.
¡Gracias, David! Un año más. Sabes que eres uno de mis clientes favoritos.

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