lunes, 18 de mayo de 2015

Papelitos

Rocío se inventa ella solita dos categorías de cosas que quiere compartir conmigo. Su profe no se lo ha pedido así, pero ella quiere escribirme P (Preguntas) y D (Detalles). Las preguntas –ya lo ven– son incontestables: "¿Cómo tienes tanta creación?" y "¿Cómo piensas tanto?". Los detalles son: "Me gustaría ser como tú" y algo así como "Qué lista eres".
Atesoro en casa algunos papelitos parecidos al de Rocío escritos por otros niños y niñas de seis, siete años. Todos son únicos en su especie pero si en algo coinciden muchos es en decirme que soy buena, guapa (tengo comprobado que los niños adjudican la belleza como categoría moral) o lista. Solo les falta escribirme, como dice la canción, que me merezco un príncipe, un dentista.
Príncipe y dentista, sí. Lo que no sé si me merezco es un público como el que me está trayendo Rasi la ardilla. Son niños y niñas que ríen, que juegan, que saltan, que piden a gritos (literalmente) que escriba más libros, que acarician a la ardilla, que se la llevan de viaje, que hacen pancartas para reclamar llevársela a casa, que te explican su vida a través de tus personajes, que te escriben en papelitos "te quiero mucho"... Acaba de salir el pack con los dos primeros títulos de La Pandilla de la Ardilla y el muñeco de peluche de Rasi, además de un nuevo título, El misterio del timbre, y ando haciendo hueco a la felicidad en forma de papelitos.
Para que luego me pregunten por qué escribo para niños.