domingo, 26 de abril de 2015

Y volamos juntos

Me esperaban en la biblioteca, como pajarillos posados en cables de electricidad. Parecían con ganas de escuchar. Aposté fuerte. Saqué un libro con el poema de Prévert Para hacer el retrato de un pájaro. Se lo bebieron como pájaros sedientos. Les leí luego el principio de una novela mía. Las suyas eran las primeras orejas que lo escuchaban. No salieron en desbandada. Escuchaban tan bien que pensé ¿y si traemos aquí a un poeta persa del siglo XII? Y allá que leímos después El coloquio de los pájaros de Attar, en versión de Sís. El cuento habla de unos pájaros que emprenden el vuelo para encontrar al rey que tiene todas las respuestas. El viaje es duro y largo. Pero al final –déjenme que se lo chafe–: “Al final, treinta pájaros, unidos por su búsqueda común, encuentran a su rey. Y descubren que ellos son el rey Simurg y que el rey Simurg es cada uno de ellos y todos ellos”. Calculo que allí estábamos treinta, treinta que, durante una hora, volamos juntos. No sé contarles lo bonito que fue.

Este texto se publicó el 22 de abril en el Heraldo Escolar. Apareció junto al testimonio de otros autores e ilustradores que también tuvieron el privilegio de participar en el Maratón de Cuentos del CEIP San José de Calasanz, en Zaragoza. Yo estuve con los alumnos y alumnas de cuarto de Primaria, y fue como les cuento. Se me quedaban cortos los caracteres y las palabras para expresarlo bien.
La imagen, obviamente, no es de mi participación en el maratón. Es de otra ocasión para la que tampoco encuentro palabras, de otra vez que volé. Tampoco iba sola. Éramos menos de treinta pero también volamos juntos. Fue en Nepal. Déjenme que presuma ahora de aquella bandada.


Dear Dawa, I hope you are all well.

Ilustración de Peter Sís para El coloquio de los pájaros


Edito (4/5/2015) para quien pueda alegrar esta noticia, dentro de la tristeza general: Dawa, que estaba en ese momento en la montaña, y los suyos están bien. Su casa en Katmandú sigue en pie.

miércoles, 22 de abril de 2015

Pelo corto y dientes largos en los premios SM

Querida Patricia (García-Rojo):
Dijiste que lo harías pero... ¡NO LO HAGAS! ¡No te gastes la pasta que acaban de darte por el premio Gran Angular en hacer un viaje con tu marido! ¡Pero, mujer, si vives en Fuengirola! ¡Que media Europa sueña cada noche desde camas suecas, futones alemanes, colchones de lana inglesa con pasar las vacaciones donde tú vives! Pero si tú misma reconociste la felicidad que has encontrado en ese mar...
Mira, si quieres cambiar de aires, intercambias casa con Pedro Mañas, el ganador del premio El Barco de Vapor. Os marcáis un homeforhome con tu casa y la suya. Él se pasea junto al mar con su camiseta de rayas y respira un poco de yodo, y tú respiras un poco de CO2.
Os lo pido como lectora, Pedro, Patricia. Os lo aconsejo como escritora y como “magnífica autora que ha conseguido [en el 2011] este Gallardón”, como dijo Ignacio González (14:50). Ni viajes ni caprichos: metro, tapas nuevas para zapatos viejos y patatas. Estirad el dinero, usadlo para escribir, para ser felices escribiendo (Patricia, tú dijiste que lo eras, “la persona más feliz del mundo” cuando escribes). Si puede ser, intentad solo escribir. Se te escapó, Patricia, aquello tan genial y tan políticamente incorrecto de que te gustaba mucho el colegio de pequeña pero que ahora que eres profesora, no estás tan segura de que te guste tanto. Normal. Si yo estoy segura de que tus alumnos también te hacen muy feliz, a ratos, pero es difícil dar clase, y prepararla, y corregir exámenes, y… y escribir a la vez. A mí me parece una heroicidad. Ni te cuento si tenéis hijos (Patricia, Pedro, cada uno por su lado, se entiende).
Pero, claro, ya lo decía unas pocas horas antes A., el chófer del ayuntamiento de Cartagena que me llevó de Cartagena a Albacete: “Me parece a mí que es muy difícil vivir solo de la escritura. Yo llevo a muchos escritores para esto del Hache y el Mandarache y unos son profesores, otros trabajan en Tráfico…” Yo a A., que me preguntó, le dije que me dedicaba solo a escribir, que es una mentira que me cuento a menudo para ver si algún día se hace realidad.
Cuentan los viejos del lugar que hubo un tiempo en que las cosas eran distintas, que hace unos años, no tantos, se podía vivir, y no mal, de la escritura. Pero vamos, aquello –lo siento, Pedro; lo siento, Patricia; lo siento, Terenci–, os digo que fue un sueño. Miren si no la larga tradición de artistas que mueren más flacos que una reina, consumidos no por el nervio sino por la malnutrición. Y eso tiene pinta de no cambiar, al menos aquí. Ayer, al escritor que trabaja en Tráfico y a mí se nos pusieron los dientes largos oyendo hablar a Juan Carlos Quezadas de ayudas gubernamentales a la creación literaria allá en México. Ganas daban de ir a conquistar, descubrir o mendigar a América. No, si ya lo dijo ayer Ignacio González que decía Ray Bradbury (o algo así, 14:50): “No es necesario quemar libros para destruir una cultura; basta con que los jóvenes dejen de leerlos”… y, añado yo, que los escritores dejen de escribirlos. O que se vayan de viaje.
Querida Patricia, querido Pedro, decía John Steinbeck que “la literatura practicada como profesión hace que las apuestas hípicas parezcan una ocupación sólida y estable”. Vosotros ya tenéis una trayectoria en esto, habéis publicado varios títulos. Ahora aparecen los premiados El mar y La vida secreta de Rebecca Paradise. Qué buena pinta tienen, qué ganas de leerlos. Lo que ahora os deseo de corazón es que estos premios sean el comienzo de una larga, sólida y estable carrera literaria. Y ya puestos, que vuestra carrera literaria os lleve un día hasta Cartagena, con Alberto Soler, con los jóvenes lectores.
Un beso,
La Oro
PD: Que no he dicho nada de la reina porque ya se ha dicho todo de su pelo corto. Se ha dicho menos –y lo merece más– de su tolkienismo recién confesado, de ese mono tan mono y del final de su discurso, que pueden leer aquí. Yo sigo pensando qué serán esas "otras cosas" a las que aludía cuando dijo: "Leer sí es imprescindible –no sé si otras cosas lo son tanto– para aprender a pensar". Ese inciso me tiene loca.
PD2: Si quieren, nos vemos mañana 23 de abril, Día del Libro. Estaré en el paseo Independencia, en Zaragoza, firmado libros, intentando hacer de la literatura mi profesión. De 12 a 14:30 en el puesto de la librería Cálamo y de 18 a 19:30 en el puesto de El gato de Cheshire. Besis.

viernes, 17 de abril de 2015

La vida por delante

 
Querida S:
Te veía de vez en cuando. Siempre sonreías cuando nos cruzábamos. Supongo que es una convención entre vecinos. Como la de responder "Bien" cuando se pregunta "¿Qué tal?", aunque uno esté hecho pedazos.
El domingo di por cerrado un texto sobre ese Parque Roma donde nos veíamos. En la última versión del texto suprimí un fragmento que había añadido en la penúltima. Decía algo así como:
Hay una fuerza de gravedad especialmente poderosa en el Parque Roma, un ávido deseo de llegar a tierra, de abajo a arriba, de arriba a abajo. Los coches suben disparados por las rampas hacia el exterior, como peces boqueantes; algunos vecinos se han tirado por la ventana. 
Lo quité porque no estaba segura de querer hacer ni medio chiste con los suicidas del Parque Roma, que los ha habido. Siempre hay gente a quien puede molestar lo que uno escriba, pero las últimas personas a quienes quisiera fastidiar son los familiares de un suicida, porque ya bastante molesta les resultará seguramente la vida.
Hoy me entero de que eras tú una de las dos chicas que murieron tras caer de la azotea del museo Pablo Serrano y no sé qué decirte. Solo sé que necesito escribirte y me consta que este es un impulso egoísta. Los escritores escribimos por la necesidad de decir cosas a un destinatario improbable. Estamos acostumbrados a que nuestro mensaje se quede en el limbo.
Necesito escribirte porque escribo para gente como tú, para adolescentes a los que digo que se lancen a la piscina, que sean felices. Intento no decirlo en plan Mr. Wonderful porque sé que para ser feliz no basta con querer serlo.
Pienso a menudo por qué escribo para jóvenes, aunque me cuesta pensar en los jóvenes como categoría porque cada persona es diferente, y eso no cambia a los 5 años, ni a los 15, ni a los 65. Pero buscando respuesta a las preguntas "¿qué tiene de especial escribir para jóvenes?, ¿qué diferencia a un adolescente de un adulto?", he dado con distintas respuestas, respuestas tontas, como que a los adolescentes os crecen pelos donde antes no teníais, y respuestas llenas de ruido y polvo, como que los jóvenes estáis under construction, en ese momento de la posibilidad, el estrépito y la esperanza. La esperanza.
Hoy tú me has hecho darme cuenta de otra diferencia que debería existir entre un adolescente y un adulto, y es que los adolescentes tienen toda la vida por delante.
Pero hasta en eso no todos los adolescentes sois iguales.
Y no sabes cuánto lo siento.

Termino de escribirte y me entra un correo de un lector desconocido, un joven como tú, que me hace feliz diciendo: "también tu novela me ha hecho ver que hay que arriesgarse en la vida y lo más importante VIVIR, ahora siempre que puedo disfruto más de la vida bajo más a la calle y me atrevo a hacer todas las cosas nuevas que pueda hacer, como se dice en tu libro 'lanzarse a la piscina' y no sé ni cómo agradecerte todo lo que conseguido hacer con tu novela".
Pero a mí me gustaría haber podido seguir escribiendo para ti.
Solo soy una escritora. Sé que no voy a salvar a nadie. Seguiré escribiendo para jóvenes. No puedo hacer otra cosa.

Fotografía de Imogen Cunningham.

miércoles, 15 de abril de 2015

Trapos y literatura

Soy Begoña Oro, y soy escritora, y blablablablablá. Pero si escribo este artículo sobre moda, literatura y fiestas es porque una vez, cuando el escritor Jorge Gómez Soto me presentó en sociedad (literaria) en su blog, Carmen Pacheco, ¡Carmen Pacheco!, escritora y gurú de la moda y de todas las cosas que uno se pone para parecer más guapo de lo que es, dijo de mí (lo pueden leer aquí): “No has comentado lo más importante: ¡Lo elegante que va siempre [esta chica] a los premios SM!”. Desde entonces, incluyo esa frase en mi currículo y me lo he creído. Por eso ahora escribo… [Este "ahora" fue hace ya un tiempo, pero publico aquí hoy, cuando se acerca el premio SM, este artículo un poco petardo que apareció en la revista Off the record.]

TRAPOS Y LITERATURA: CUESTIÓN DE COMPROMISO 
De pequeña me enseñaron que cuando acudías a una fiesta, había que arreglarse. No sigo haciendo caso a todo lo que aprendí de pequeña, pero a eso sí, especialmente cuando se trata de actos relacionados con el mundo de la literatura infantil y juvenil. (Ahora es cuando pongo una túnica de trascendencia a este artículo frívolo sobre moda que incluye palabros como outfit o vintage y lo disfrazo de artículo sesudo literario.) No es solo una cuestión de imagen; es una cuestión de identidad. Ninguna actriz va a la entrega de los Óscars hecha una zarrapastrosa. De hecho, que todo el mundo acuda hecho un pincel, es una de las cosas que da categoría al acto. Tirarme varios días decidiendo qué me pondré para una fiesta relacionada con el mundo de la literatura infantil y/o juvenil no es una frivolidad sino parte de mi compromiso con la causa. Si creyera en la trascendencia de las naranjas, me pondría de tiros largos para acudir a la frutería. Como creo en la trascendencia de la literatura juvenil, me pongo… me pongo…

¿Qué me pongo? 
En las invitaciones a muchos actos, aparece esa orientativa frase final de “Se ruega etiqueta” o aquello de “Hombres: traje oscuro. Mujeres: traje de cóctel” (sea lo que sea un “traje de cóctel”). Jamás me he encontrado una indicación semejante en un acto literario [esto, claro, lo escribí antes de recibir por primera y única vez (snif) la invitación al Premio Cervantes]. Y ahí está la primera gran duda que atenaza a la invitada petarda, quiero decir, a la invitada-comprometida-con-la-literatura-que-opina-que-la-estética-subsume-la-ética. ¿Cómo de arreglada voy? ¿Como para una boda de día? ¿Como para una reunión? ¿De largo o de corto? ¿Y si, tan corto, tan corto, me quedo corta? ¿Y si –triple horror- me paso de arreglada? Lo que me lleva al primer consejo para invitadas petardas:
¿Traje largo de brilli-brilli con escote palabra de honor? ¡Error! 
Huevos 
Sí, aspirar al puesto de la más arreglada de la fiesta es hacer malabarismos en la cuerda floja del ridículo. Ganas dan de lanzarse al socorrido little black dress (yo pongo estas cosas así en inglés porque de esta manera parece que sabes más de moda). Como opción, no está mal. Pero ¿no merece nuestra causa un poco más de arrojo? No sé, un vestido algo más trendy, un complemento audaz… La primera vez que me puse un tocado para una entrega de los premios SM fue una decisión de última hora que condicionó el resto de complementos. Para ponérmelo tuve que comprarme a todo correr unas medias grises tupidas y un cinturón gris (en Stradivarius). Cuando conseguí los complementos, recuerdo que escribí a mi Amiga un mensaje: “Ya tengo las medias y el cinturón. Ahora solo me hacen falta los huevos”… para ponerme el tocado, se entiende. Y los reuní. Fue todo un éxito (me remito al comentario de Carmen Pacheco). Dos años después repetí, con otro tocado vintage, cedido gentilmente por mi hermana y agenciado en Brooklyn. Como espectadora, prefiero mil veces un invitado con una pajarita estrafalaria o una invitada con turbante que un hombre gris vestido de gris o una mujer que no sabrías decir cómo iba vestida, tan discreta tan discreta que resulta inmemorable. Y como invitada, me encanta arriesgar, lo que me lleva al segundo consejo de moda y compromiso:
 ¿Complemento arriesgado? ¡Acierto! O no. Pero se agradece el riesgo. (Y si resulta un desastre, ¡es fácil de quitar!) 
Los lunares de Messi 
¿Quién no recuerda el traje de lunares de Messi al recoger el balón o la bota o el no sé qué de oro? Del premio se puede uno olvidar, pero de ese polka dot outfit… Como para olvidarlo. Hay quien quiso ver en ese traje de Dolce & Gabbana un homenaje a Maradona, quien en su día lució otro similar. Podría ser. La ropa es también una manera de decir cosas. Cargar de sentido lo que uno se pone sobre lo piel no solo es una forma de comunicación sino una buena excusa para acotar la búsqueda y encontrar qué ponerse. Para ir a cenar a un ruso, me planto un gorro de piel; para un japonés, me alargo la raya del ojo… Hace unos meses, me pidieron que presentara las memorias literarias de Jordi Sierra i Fabra. Yo llevaba un corte imposible (me estaba creciendo el pelo a lo garçon y estaba en terreno de nadie). Entonces pensé: “haré un homenaje a Jordi, que se define como rockero”, y me puse tupé y leggings y cazadora de cuero. Asunto solucionado. Tercer consejo:
Si no sabes qué ponerte, busca inspiración en el propio evento. 

Mi ventaja 
Vale, lo admito: juego con ventaja. Mi hermana trabaja [trabajaba] en el mundo de la moda, y me hace de personal shopper, conseguidora de chollos, asesora de imagen, estilista y criticona implacable. Recuerdo una ocasión en la que me interceptó camino de una entrega de premios con un vestido monísimo de Amaya Arzuaga y me lo quitó alegando que iba hecha una maruja. Acabé con un conjunto suyo cogido de mala manera con cuatro imperdibles (mi hermana gasta dos tallas más que yo). Aprovecho la ocasión y el artículo para pedir disculpas a Agustín Fernández Paz, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, a quien dejé con la palabra en la boca a mitad de conversación en aquella fiesta. Agustín, querido, fue causa de fuerza mayor; si no llego a salir corriendo al baño a ajustarme el imperdible, me quedo en bragas delante de ti. Lo que me lleva al cuarto y último consejo:
No lo dejes para el último momento. 

Coda poética 
Hay un álbum precioso titulado Ser y parecer donde Isol ilustra un poema de Jorge Luján. El poema empieza diciendo: “Soy lo más distinta de mí / que te puedas imaginar”, y acaba: “Si tú quisieras conocerme / yo giraría sobre un pie / pero te esperaría un largo viaje / desde mi apariencia hasta mi ser”. Feliz viaje.

Hasta aquí, el artículo que apareció en Off the record. Ahora digo: consejos vendo que para mí no tengo. La semana que viene es el premio SM y aún no tengo ni idea de lo que me voy a poner. Solo sé una cosa que seguro que llevaré: un buen par de ojeras y un cansancio feliz porque esa misma mañana, la del día de la fiesta, a las 8 empiezo el primero de una serie de encuentros en mi querida Cartagena con mis queridísimos Jóvenes Lectores, y de ahí, corriendo a Albacete, y de Albacete a Atocha, y de Atocha a la fiesta. Este año no me juzguen. Este año no compito.

En la foto, de Garry Winogrand: a la derecha, Juan Muñoz, todo guapo para la fiesta. En el centro, yo, pensando: "¿Qué tendrá fray Perico que no tenga mi ardilla Rasi?". El del pelazo, el de la izquierda, no sé quién es. El que aparece de espaldas debe de ser un editor, porque le clarea la coronilla y no me extraña, con lo malita que está la cosa.

domingo, 5 de abril de 2015

Nuevo milagro LIJ

—¡No fastidies! ¡San Andersen! ¡Otra vez!
—Los privilegiados que asisten a mis apariciones suelen recibirme con un «¡Alabado sea Andersen!». O, como mínimo, con un respetuoso silencio.
—Bueno, sí, ya. Eso será la primera vez. Reconoce que cuando te me apareciste en forma de cisne en el lago de Eriste hace tres años, te recibí con un recogimiento que ni Bernadette Soubirous. Pero es que otra vez… Y aquí… ¡Que me has perseguido hasta Dublín! ¡Ya sé! Te me apareces, y el 2 de abril, el día de tu santo, el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, porque sabes que he estado trabajando en un libro para adultos. Para que vuelva al redil. ¡Pero tú no sabes la que estoy preparando! ¡Y es infantil! Y que conste que lo de adultos era solo por tomarme un recreo…
—A ver, Oro, no te emociones. Que estamos en St. Stephen’s Green, que aquí, si no aparecen un cisne y algunos patos, la gente es capaz de pedir la hoja de reclamaciones.
—Sí, sí. Tú dirás lo que te salga de los cañones de las plumas, pero tú y yo sabemos que no eres un cisne cualquiera. Tú eres el patito feo. ¡Tú eres San Andersen! Alabado sea Andersen.
—Esa es la actitud. Ahí ahí. Repite aquella jaculatoria mía.
—"Siempre se debe llamar a cada cosa por su nombre, pero, si uno no se atreve, debe poder hacerlo en el cuento. Siempre se debe llamar a cada cosa por su nombre, pero, si uno no se atreve, debe poder hacerlo en el cuento."
—No lo olvides, Oro.
Y San Andersen se dio la vuelta y se alejó de mí. En ese momento, cogí el teléfono y le saqué la foto que encabeza esta entrada. Eso pasó el 2 de abril. Luego volví de Dublín. Luego pasó una cosa que no me atrevo a contar y entonces, solo entonces, supe calibrar el milagro. Obviamente, la he contado en un cuento que acabo de escribir. Se titula El fuego rojo.
San Andersen me asista ahora en la búsqueda de editor.